lunes, 30 de marzo de 2015

Reflexiones, Sebastián Bermúdez

Lucrecio, De rerum natura, I, 1-634

¿Por qué así y no de otra manera?

¿Acaso no eras tú el sol tan alto, tan inalcanzable que las aves veían desde lejos para entonar sus rumbos?

¿No eras tú ese cielo que contenía todo y al cual no se le escapaba nada?

¿No eras tú como aquella abeja que en su panal guardaba toda la miel para el invierno?

Tal vez los osos han venido a saquearla, tal vez notaste que las estrellas se caían de ese cielo, tal vez notaste que no eras sol, eras luciérnaga que recorría errante los pantanos buscando resguardo.

Encontraste la soledad a la vuelta de la esquina ¿no se suponía que dicha soledad tenía que ser de provecho? Decían que alimentarías con ella los caminos del filósofo, sin embargo, mírate aquí, tan anonadado, no pudiendo aumentar esa sabiduría que esperabas, sintiéndote vacío, esperando un eterno retorno de lo mismo.

Ahora pareces un desgraciado esperando la compasión de la cual desdeñabas, hasta aquí se siente el aroma de tu fracaso, desde aquí se ve lo bajo que has caído.

¿Qué piensas hacer? ¿Acaso piensas pasar la vida como un cerdo: estar revolcándote en la inmundicia y en el lodo en el que te encuentras? ¿Te quedarás contemplando más no harás nada? ¿Serás esclavo de los recuerdos? Si haz de recordad algo, recuerda lo siguiente: el olvido es la virtud sanadora. ¡Olvida! Deja ir y si es preciso regresa a la montaña, aléjate de los virtuosos, huye de los mercantes, desdeña de todo, derrúmbate, constitúyete desde tus cimientos.  Vive y no olvides: una vida está en todas partes. 

Ensayo, Steven Castañeda

LUCRECIO. De rerum natura
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PRIMEROS PRINCIPIOS Y ATOMISMO  

En un primer momento, vemos que para Lucrecio es de vital importancia aquél impulso potenciador y emanador de todas las cosas. Pues esto lo vemos reflejado en el puro alabamiento que atribuye a la fuerza de la atracción o del amor, representada en la diosa Venus. Y ¿no es este impulso aquella fuerza que mueve todas las cosas? Acaso sea ese impulso el motor mismo que inspira al filósofo a darle la bienvenida a su discurso poético. Pues se puede notar como es un canto a la vida, y a todo lo que gira en torno a ella en un principio bastante poético y luego más teórico. Quizá por ello las referencias terrenales, como por ejemplo el testimonio de las aves que cantan porque sienten tal fuerza en su interior, y aún más, cantan porque le dan la bienvenida a Venus, a tal fuerza divina, a la que mueve, a la que hace cambiar y mudar las cosas, a la que las hace emerger de la oscuridad. Posiblemente por ello, el canto y el poema mismo y las manifestaciones de la naturaleza en general, sea un síntoma o una expresión de afirmación terrena de la existencia. Podemos decir que en ello se vislumbra un primer vestigio de inmanencia, de sustancialidad en la naturaleza misma y no en una dimensión trascendente. Pues parece que se atiende al hecho de afirmarse, mantenerse y ser uno con los principios de la naturaleza, a pesar de ser esta propuesta, como todo, una percepción filosófica más. Vemos la insistencia en la captación de la diosa Venus, presente en cada manifestación de la naturaleza. Por más alejado que pueda sentirse el hombre o quien quiera que se sea, este fluirá y permanecerá en “Venus”. Pero por la misma razón que Epicuro le reprochaba a la gente su exaltada creencia a los dioses, creemos aquí que aquella oda a la diosa, es a un ímpetu o potencia más mundana y por ello, se ha hablado aquí con tal énfasis. Se entiende entonces, que la negación o mejor aún, indiferencia a los dioses, indica acaso la afirmación a las fuerzas de la naturaleza.
Así empezamos trayendo a colación el primer motor que para el filósofo mueve y rige de manera vital todas las cosas. Con ello tenemos como muestra de aquél elemento primigenio, y a la producción como efecto dinámico de todas las cosas, como aspecto de la generación de todo lo que existe y ocupa espacio. Por tanto, si se tiene en cuenta aquel principio, se verá que tal dinamismo no acaba nunca y que solo renueva. Pues de nada no puede llegar a ser nada, y de la esencia de tal dinamismo se mantiene un ciclo en el cual se destruyen y se regeneran las cosas. Esto, puesto que a cada ser, en su materialidad al cumplir con sus etapas de vida y posteriormente morir o desvanecerse, algo le subyace de vida, o de permanencia, y tal cosa es suficiente para la recreación de su especificidad. Por ello nos indica Lucrecio: “Porque si se produjeran a partir de nada (las cosas), de cualquier ser podría nacer cualquier linaje, nada necesitaría simiente” (I, 155). Luego vemos que es en aquella simiente que el filósofo quiere reafirmar en el dinamismo de la existencia de las cosas, de la naturaleza. Con esto queda claro que aquella simiente o semilla posee una especificidad, una singularidad, y con ello lo que queda al momento de su desarrollo es el proceso por el cual se manifiesta su naturaleza misma. Vemos también que, por la misma peculiaridad de lo que es cada cosa, posee un desenlace, pues insiste el filósofo en que si algo proviniera de la nada, el plazo de su duración seria incierto y por ello, arbitrario.
Con lo indicado anteriormente, se indica ya la permanencia de la materia en todo lo perceptible. O por lo menos en casos críticos, una parte mínima de esta. Así la afirmación eterna de las cosas por causa de la misma naturaleza que “no quiere” que nada perezca, sino que las cosas en su particularidad, se dispersen y engendren de alguna manera su continuidad en el tiempo. Y así puede verse ¿no? Pues a pesar de que las criaturas en su individualidad perecen, ¿no continúa su especie ganándole la batalla a la muerte y a la extinción? Luego, el tiempo a pesar de su infinitud, no logra acabar con la finitud de los seres.
Ya con eso, el filósofo nos introduce en el atomismo y en sus respectivos procesos. Procesos que rigen los cambios  y las transformaciones de la materia, su separabilidad y su predictible unión para su perfecta continuidad… “La naturaleza no consiente que se engendre ningún ser, si no se ve favorecido por la muerte de otro” (I, 260).
Aquellas partículas que cumplen con la labor de hacer cambiar y con el tiempo reconfigurar las cosas, se llaman corpúsculos, y para tal efecto, su actuación es invisible para los ojos humanos. De ahí que la naturaleza actúe y oculte sus designios, por lo menos, como ya se indicó, para los seres humanos. Aquellos corpúsculos, sin embargo no podrían actuar si no existiera el vacío. Pues este último es condición del movimiento de los primeros. Con esto tenemos que, por fuerza, un cuerpo se mueve y opone resistencia, pero jamás lograría aquello, si no tuviera aquel “espacio” por donde moverse. Y aquí se capta también la separación de los cuerpos, que siguiendo a tal lógica, no podría moverse uno, si no estuviera separado del otro. 
Ahora bien, si tenemos tales dos principios, como testigo y medida de todas las cosas, se puede inferir que no hay más aspectos condicionales para que algo exista. Y esto lo reivindicamos, por lo que no se podría imaginar algo separado de un cuerpo o algo diferente de vacío. Con esto nos indica el filósofo: “Y en efecto, cualquier cosa que nombre, o hallarás que es atributo de tales dos realidades o cosas, o veras que es su resultado” (I, 400).
Y con esto podemos ir vislumbrando la conclusión. Todo lo perceptible no es más que el juego entre aquellos dos principios. La conexión de la materia se produce por  el encierro del vacío, y su separación por la intromisión de este último. A causa de esto, la materia es quebradiza, y ha de dar paso a su recreación o regeneración en nuevas formas. Así por ejemplo, se entiende al tiempo como algo propio del movimiento de los cuerpos, como una cualidad, ya que sin que nosotros podamos captar el mismo movimiento y el cambio que proporciona, sin poder entrever aquel elemento primordial, no entenderíamos lo que el tiempo significa. Por ende cualquier atributo que se reivindique como posiblemente alejado de tales principios, ha de analizarse detenidamente, para luego ver que su fundamento no es más que aquel juego de causas primeras o principios terrenos de lo existente.

BIBLIOGRAFÍA
LUCRECIO (1995). La Naturaleza (Francisco Socas, Trad.). Madrid: Gredos. 2003.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Ensayo, Lesly Zabala

La noción de muerte y los múltiples caminos

A lo largo de mi vida académica, se me ha recalcado que la noción de muerte es una característica antropológica que distingue a los seres humanos de otras especies. En las civilizaciones primitivas cuando se inician los ritos alrededor del cuerpo de las personas que fallecen, surge la preocupación por el porvenir de lo que ocupada dicho cuerpo. Desde que nuestros ancestros se preocuparon por ello, se han gestado multiplicidad de formas de asumir el deceso de los humanos. Por un lado, se supone que hay algo más allá de la vida, razón por la cual se gesta un miedo generalizado a lo que nos espera en ese “algo” que es totalmente desconocido; como usualmente nos pasa, los seres humanos tendemos a temer a lo que no podemos conocer. Este miedo lleva a la creación de mitos que nos aseguran una buena muerte, un dejar de ser  bienaventurado y la llegada de la luz, el alma, o esa sustancia que nos hacía vivos, al mejor lugar que exista en el plano de la oscuridad y del misterio. Por otro lado, se asume que es imposible conocer lo que nos depara –si es que algo nos depara realmente lo que lleva a que algunos opten por apostarle a una vida llena de placer. De este modo, la preocupación ya no está en el después, sino en el ahora. Se asegura que si se tiene una vida buena, la muerte será de igual manera. La búsqueda del placer se hace placentera en sí misma. Es este caso, me parece que no hay un temor por morir, en la medida en que se vive de la mejor manera posible. Se acepta, además, que no es posible conocer con certeza eso que desconocemos, por tanto nos enfocamos en proveer y proveernos de los mejores placeres que podamos adquirir. 
De igual manera el deceso de nuestras personas cercanas se convierte en el fin de un ciclo. La nostalgia de la pérdida no se hace insuperable, si se ha vivido a su lado de manera plena. Algunas personas optan por no pensar en ello y obviarlo, otras deciden enfrentarlo de manera tranquila. Sin embargo, ninguna es mejor que la otra. Cada persona define su noción de muerte de acuerdo a los encuentros que le haya propiciado la vida, porque paradójicamente le damos valor a la vida solamente cuando la muerte se nos acerca. Quizás no soportamos la incertidumbre y el misterio de la muerte, pero somos muy tolerantes y asumimos con  menos preocupación las vicisitudes de la vida.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Ensayo, Juan Sebastián Navarro

La eudaimonía es un estado de la mente con el cuerpo, relacionado con el placer o la alegría. Cuando me pongo a pensar acerca de todas las cosas que hacemos cada día, las hacemos evitando el dolor y buscando el placer o como lo diría Aristóteles, la eudaimonía es el fin último de todas nuestras acciones.

Razón tenían los filósofos antiguos puesto que no estamos lejos de las escuelas hedonistas. Si bien recuerdo, una escuela era la cirenaica, la cual estipulaba que todos los deseos personales se debían satisfacer de inmediato sin importar el medio y los intereses de los demás. Y la otra escuela, era la epicúrea, cuyo propósito era vivir en continuo placer, sin embargo, a diferencia de los cirenaicos, el problema no era el placer mismo, sino los medios para buscarlo, para encontrarlo.

Somos personas que buscamos el placer y evitamos el dolor. Buscamos los medios necesarios para ser felices, claro está, los buscamos bajo unas leyes, unas reglas. No debemos pasar por encima de los otros para lograr satisfacer nuestras propias metas; algunos lo hacen, pero por lo general se procura no hacerlo.

Ahora bien, vale la pena preguntarse si somos felices. Yo por mi parte puedo atreverme a decir que no. La razón y la explicación consiste en que no podemos llamar a una persona feliz si alguna vez en su vida estuvo triste. Si es feliz, su condición, su esencia, su propiedad es que lo es constantemente. Así como el color azul es ser azul y no rojo, o la esencia del cuadrado es ser una figura geométrica que tiene cuatro lados iguales y además sus cuatro ángulos son iguales y rectos; sí llega a cambiar alguna de sus propiedades deja de ser cuadrado. Por tanto, la persona que es feliz, es feliz y no triste, sus propiedades no pueden cambiar.

Ahora bien, no podemos aseverar que una persona es feliz, aunque haya tenido ratos de felicidad en algunas ocasiones. Pues bien, podemos afirmar que las personas poseen pequeñas alegrías, esa persona está feliz, él o ella tiene pequeñas alegrías. Cualquiera de las afirmaciones anteriores da cuenta que la felicidad es momentánea, es efímera, es de un instante: no podemos llamar a ninguna persona feliz pues cualquier persona que se encuentra viva en este mundo ha pasado por ratos de amargura, tristeza, depresión, etc. Siguiendo la línea anterior, tampoco podemos aseverar que una persona es amargada, es triste, es depresiva, etc. Pues también son estados momentáneos que no definen a la persona, definen su estado momentáneo pero nunca, jamás, lo que realmente es esa persona.

La vida feliz no consiste en vivir con una sonrisa en el rostro, tampoco es vivir con un gesto fruncido, es reconocer que pasamos por diferentes experiencias que siempre son momentáneas, pequeñas, transitorias. A pesar de todo, siempre estamos evitando lo que para nosotros es el dolor, buscando permanecer en lo que para nosotros es el placer y a pesar de que intentamos evitar el dolor, nos topamos con él. Por ello debemos reconocer que la vida consiste en estar en un flujo constante de estados que nunca van a durar más de 100 años, reconocer que estar vivo es tener la facultad de experimentar diferentes sensaciones, algunas agradables otras no tanto.

Meditación, Juan Sebastián Navarro

Las ideas no provienen de la nada

Pienso, pienso que no tengo cuerpo alguno, mis manos, oídos, ojos, dientes, cada hilo de mi cabello, no existe, no está, se esfumo. Niego, niego todo aquello que descansa fuera de mi pensamiento, al negarlo ¿qué queda? No queda nada, podría decir el ingenuo, todo lo sensible se ha desvanecido en el olvido que provocamos en nuestro pensar.

Sin embargo, sigo pensando, algo atrevido y forzoso al reconocer que negué todo por medio del pensamiento pero no lo pude negar a él. Queda el pensamiento, mi propio pensamiento, soy un algo que piensa y ese algo lo reconozco como propio, yo soy un algo que piensa.

Al pensar reconozco que tengo ideas y estas ideas no pueden venir de la nada, pues nada viene de la nada, al reconocer está afirmación noto que poseo ideas de las cosas y si estas no vienen de la nada deben venir de alguna parte, mi imaginación, tal vez. No obstante, mi imaginación puede representar ideas siempre y cuando las imágenes o precisiones que de ellas tenga las haya visto antes. Por ejemplo, para imaginar un castillo de oro no es necesario que exista, tampoco he visto alguna vez alguno, sin embargo, tengo la idea de castillo y de oro y en mi imaginación, y puedo representar la idea de un castillo de oro.

Conjuntamente, las ideas no pueden surgir porque sí. De hecho, la sensación de calor no llega porque sí, llega porque estoy al lado de la pantalla, que emana calor y me veo obligado a creer en esta sensación puesto que existen cosas fuera de mí que me envían sus representaciones, por medio de los órganos de los sentidos. Si las ideas no llegan solas, no provienen de mi imaginación sino de una representación que alguna vez capté.

En estos momentos surge en mí la idea de una substancia finita cuya esencia alguna vez se verá en el abismo de la nada, pues dejará de ser. Pero qué sucede con la idea que tengo de una sustancia infinita, porque yo como sustancia finita la comprendo en la medida que yo soy finito, pero la idea de sustancia infinita no puede provenir ni de mi imaginación, ni de la nada, esta idea debe provenir de una substancia infinita y que siempre se le ha entendido así, Dios.

Para que una substancia sea infinita no tiene principio ni fin, no puede depender de nada puesto que si depende de algo sería finita, una substancia con estas cualidades siempre se ha entendido como Dios. Una idea que no proviene de la nada y mucho menos de la imaginación. Es en sí misma la idea de perfección, de infinitud y como las ideas no provienen ni de la nada, ni de la imaginación, en este caso la idea de Dios debe provenir de una substancia que en verdad sea infinita y qué mejor idea de infinitud que la que se despliega con la idea de Dios, cuyas cualidades son en sí mismas las enumeradas anteriormente.

Si Dios no existiese verdaderamente no tendríamos la idea de él, en tanto infinitud pues como se ha dicho mi imaginación es tan limitada que no ha tenido la vivencia de la idea de infinitud, pues no se logra representar la infinitud en sí misma. Por ello es indispensable una idea que logre abarcar lo infinito y esa representación es Dios.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Escritura espontánea, Juan Sebastián Navarro

En este momento puedo escuchar música, hablar con más de cinco amigos, ver noticias y todo desde el mismo dispositivo, la computadora. La comodidad que ha brindado el avance de las tecnologías es tal que se puede hacer de todo sin salir de la casa. No obstante, esto fomenta un sedentarismo terrible, las personas en general no hacen ningún tipo de deporte o ejercicio, se la pasan sentados.

La ventaja es que yo no debo preocuparme por ello, todos los días me levanto a las 6:50 am, para estar en el gimnasio a las 7:00 am, y ejercitarme hasta las 8:30 am, llegar a la casa a las 8:40 am, desayunar, arreglarme, realizar los trabajos para el día. Si es posible adelantar un poco la tesis, dirigirme a la universidad alrededor de las 2 pm y tener clase hasta las 5 pm. Luego debo dirigirme hasta el centro de lenguas de la Universidad puesto que tengo un curso de inglés de 6 pm hasta las 9 pm. Por tanto, estoy llegando a la casa alrededor de las 10 pm. Podría decir que tengo una agenda un poco ocupada, y sí, pero me alegra tener mi mente ocupada en tantas cosas y a pesar de todo puedo dormir las 8 horas recomendadas, aprender un nuevo idioma, estudiar filosofía y hasta ejercitarme.

Los fines de semana descanso, descanso haciendo la tesis, como tal no es un descanso pero realizo menos actividades de las acostumbradas. Ahora bien, algunos podrán decir que no tengo tiempo para el ocio pero se equivocan; me dedico a las pesas y creo que eso es ocio. Pero si no lo ven así, también tengo vida social los sábados, ya que salgo a bailar y de vez en cuando a tomar, también tengo novia y procuro verme con ella cada semana.

Tú, sí, tú. El que está leyendo este trabajo o el que lo está escuchando, puedes decir que no tiene ningún fin, pero para mí es tan importante como una comida, pues en este trabajo, realicé catarsis acerca de mis días, es más, podría atreverme a decir que este escrito puede servirle algún antropólogo en unos 500 años pues da cuenta de la vida cotidiana de una persona común. Además, si queremos resaltar un proyecto filosófico en este escrito podríamos hablar existencialmente pues en él se plasma cómo una persona en particular vive sus días, anhela su propia dicha, busca su propio camino, labra su propia suerte y sabe que algún día dejara de ser lo que es.

Si me pregunto a mí mismo qué era hace 22 años puedo decir con seguridad que era nada, y si me preguntase asimismo qué voy hacer en 150 años podre asegurar que nada, a menos que logré vivir tanto tiempo, que no creo. Voy a ser corpóreamente más nada que algo, y sin embargo, prefiero seguir jugando este juego llamado vida, aprovechar la posibilidad de existir, danzar al ritmo de la existencia.

Alguna persona puede preferir suicidarse y deja de prologar lo inevitable, la muerte. Empero, tomar esta ruta es dejar de sentir todas estas sensaciones que únicamente se pueden experimentar en vida; cada gota de lluvia, cada rayo de sol, experimentar el amor y vivir la tragedia, estar feliz un día y enfermo un mes. Un millón de sensaciones que sólo alguien que existe puede apreciar, no las recordaré cuando sea nada, pero mientras soy algo, tengo el placer que la nada no tiene, y es ser. Ser algo que ocupa un lugar en el espacio, pertenece a un tiempo, posee sensaciones, realmente soy un conjunto de todo; colores, formas, habilidades, emociones, etc. Soy todo menos nada. Soy, y si soy es porque vivo y vivir es un privilegio que la nada no tiene.

Aforismos, Juan Sebastián Navarro

Mi mente, mis reglas, mi reino y mi rey

El silencio es el mayor aliado para la meditación, para el pensamiento, para la negación, para la duda y para la verdad. Lo irónico del silencio es que tiene la cualidad de hacer gritar el pensamiento.

La “certeza” como la “verdad” deberían ir siempre en comillas.

He sido toda mi vida una víctima de las mentiras. Hombres, mujeres y niños ¿quién de todos ellos no ha mentido? Si mintieron alguna vez podrían hacerlo siempre ¿por qué confiar en ellos? Confió en mí y es lo único que basta.

La verdad resbala con mentiras y danza con verdades.

¡Oh Verdad!, que corrompe y daña verdad, que se afirma o niega, si se niega ya no es verdad, lo cual me impacienta y descontenta. Y descontento por no tenerla, pretendo buscarla en los laberintos que llamamos vida, lleno de dudas por no encontrarla pero feliz por intentar alcanzarla.

La duda es el mayor impulsor del conocimiento, sin embargo, el que duda y no investiga es como el que tiene hambre y se rasca la cabeza.

Los cinco caminos que nos ayudan a conocer este mundo y a los cuales denominamos sentidos, nos ayudan a percibir algunas cosas. No obstante, mi pensamiento, mi propio pensamiento, no sé de cuál camino provino.

La mente domina el cuerpo pero él sabe engañarla.

Pienso, pienso que no sé si lo que pienso proviene de la idea de lo que es o de lo que quiero que sea.