Mostrando las entradas con la etiqueta Exploraciones estilísitcas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Exploraciones estilísitcas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Yuly Esmeralda González Rojas, "Me queda poco tiempo" (Video I: Lugar de importancia personal)

Este audiovisual se realiza en el contexto de la Práctica pedagógica: Creación audiovisual en el curso de filosofía antigua (2018-II). En esta creación las(os) estudiantes escriben audiovisualmente sobre un lugar con importancia para ellas(os) mismas(os). Cada quien se hace presente en el texto y da cuenta de los lugares que habita o habitó y la forma en que lo hace o hizo. También las(os) estudiantes exploran y plasman en la pantalla algunas de sus concepciones de mundo.

La estudiante Yuly González Rojas, en su video Me queda poco tiempo, logra fijar varias creencias sobre ella misma y sobre cómo habita el mundo. Describe visualmente los lugares que habita (plazas de la universidad, lugar de estudio en lo que parece su casa, transporte público, etc.) y reflexiona sobre cómo los habita. Cuenta que convierte en sus lugares predilectos a todos aquellos que se le presentan en el día a día "cediendo el hoy a su entorno perfecto".



miércoles, 19 de abril de 2017

Diana Acevedo, Carta a Yesica Cortés

Bogotá, 22 de marzo de 2017

Querida Yesica:

He decidido escribirte a mano porque quisiera explorar mucho más de mis estados de ánimo y las disposiciones de mi cuerpo en la escritura. Quisiera que esos gestos de los que hablas adquieran una materialidad más contundente, y enriquecer desde ahí la comunicación que aquí estamos construyendo. Yo quisiera usar esa segunda estrategia de escritura de la que hablas: dejarme llevar por la melodía de las palabras y por la corriente que fluye libremente en el papel.

Notarás que mi letra cambia, en general lo hace según mis estados de ánimo, el tiempo del que disponga para escribir, la comodidad y atmósfera del lugar en el que me encuentre. Por ejemplo, hoy estoy en mi casa, es de mañana y el día está bastante lluvioso. Me he levantado muy enferma. El frío de anoche, en la reunión con Adriana, ha hecho lo suyo con mi malestar de garganta. Mientras escribo, además, me duele un poco la cabeza, la garganta y el pecho. Pero estoy animada y tengo muchas ganas de escribirte.

Efectivamente la distancia física es tan solo la primera en el juego de distancias que encontramos en la correspondencia. Tú no estás aquí, de manera física, y mi acto de dirigirte estas palabras te invoca, de algún modo, te trae a la presencia. Estás presente en esta acción de escribirte en la medida en que las cosas que digo, la escogencia del tono, del sentido dependen o están atravesadas por aquello que sé y espero de ti, o de quién eres. Tienes razón en que eso se puede hacer incluso estando presentes físicamente en el mismo recinto; porque la presencia de la que se trata aquí se refiere al espacio que habitan las palabras, al espacio del texto. Este espacio es por supuesto material por cuanto lo componen trazos sobre un medio cualquier que sea mi registro (una hoja de papel, pixeles en una pantalla, un cuerpo en movimiento…) Este espacio es sobre todo un campo de sentido, quizás para algunos un campo simbólico.

Quisiera confesarte que este espacio que estamos compartiendo se me antoja un poco estrecho. Nuestras cartas consistentemente han tenido dos páginas; siento la necesidad de extenderme un poco más. Y en que también a mí me corra una necesidad vital de escribir y de explorar en estas cartas un posible cauce para tal efecto. Encuentro que mi rol de profesora puede ser muchas veces un obstáculo para establecer puentes comunicativos, no sé si decir reales, porque no es un asunto de realidad, pero sí al menos, vitales. A veces cuando te escribo siento que estoy tratando de superar una especie de barrera, y me sorprendo porque probablemente yo la puse ahí. A este respecto aprendí y sigo aprendiendo mucho de los diálogos socráticos y de la presencia de la φιλíα, de la amistad como un requisito para filosofar. Entonces la estreches no solo es un asunto de extensión sino también de los protocolos y las maneras en las que acostumbro a relacionarme con mis estudiantes. Y aquí emerge muy fuerte lo que hablábamos anoche y Adriana nos invitaba a pensar: La carta como el lugar de una responsabilidad máxima y cuidado de quien está ahí y a quién le escribo. En otro momento me gustaría profundizar sobre este punto. Por ahora, esta es una forma de decirte que creo que podríamos profundizar un poco más el diálogo que estamos sosteniendo, quizás llevar un poco más lejos las reflexiones y estar muy pendientes de que la relación profesora-estudiante no sea un estorbo para ello.

Dicho lo anterior quisiera extenderme sobre la discusión que tuvimos en torno a Foucault. Lo primero es que entiendo o creo entender tu aprehensión. Me disculpo, si no he dimensionado apropiadamente el hecho de que en esta conversación mis palabras estén revestidas de un pero o autoridad distinto al de las demás personas en el grupo. Esto es un problema cuando lo que intento es entablar un diálogo entre pares, y claro, hay un sentido en el que no somos pares. Pero estoy buscando de ampliar y profundizar en los sentidos en los que sí somos pares. La discusión sobre Foucault es un caso de esto. Sé que es parte importante de lo que quieres decir en tu tesis. Y por ello me tomo con la máxima seriedad y honestidad la clarificación de qué es lo que quieres decir y hasta qué punto estás dispuesta a comprometerte con el autor. En últimas, si se tratara de libertad, que sabes que me genera sospecha, me interesa que seas libre; en el sentido de que no quedes apresada por lo que dice tu autor, sino que lo uses (…), que sepas tomar lo que te sirve, lo que te interesa y que sepas criticar o incluso desechar o dejar de lado con razones lo que no. Tu tesis es altamente propositiva y creo que es una buena idea; sospecho que iría muy en contravía de tus intenciones las tesis del autor con (…), o de manera plana. El ejercicio no puede avanzar en una sola dirección, no huyas tú a recoger el sentido en las palabras del autor, como si su texto estuviera dispuesto solo para dar, más no también para recibir. Recibir en este contexto significa que tú pongas de ti en lo que recibes de los textos. No en el sentido arbitrario de hacer interpretaciones absurdas o salidas del contexto, sino en el sentido de que eres tú la que lees y eres tú la que escribirá la tesis. Por mucha simpatía y conexión que tengamos con un texto, un filósofo o una filósofa; siempre genera algo de sospecha que no se encuentre algo disonante, un reparo, una crítica, un aporte que implica llevar más lejos el texto. Esa es mi intuición y por ello quería yo contarte cómo leo yo estos textos, mis reparos, sospechas, lo que encuentro (…); en general lo que yo encuentro. Pero no se trata de que tú encuentres lo mismo. Me gustaría sí que comprendieras mi lectura, pero no que con base en esto construyas la tuya. Eso no es fácil y está bien sentir miedo. Cree en tus intuiciones, eso significa ponerte a prueba. Por esa razón extraño en tu carta esas refutaciones y esos reparos que mencionas, pues me gustaría dialogar con ellas. Estoy segura de que incluso me ayudaría a aclarar mi propia lectura, mis propios reparos sobre el texto.

Por temor a que se extienda demasiado esta carta, me abstendré de plantear mi interpretación de la “escritura de sí” y la “ética del cuidado de sí como práctica de libertad”. Te invito a presentar tus objeciones y sobre todo a (…) un par en la interlocución. Al presentarte mi lectura, incluso mis dudas, yo estaba tendiendo una mano, estableciendo un puente o un punto de encuentro; no quisiera que fura recibido como un acto de desbaratar o destruir algo. Aunque entiendo que a veces se requiere desandar para poder andar.

Gracias por tu tiempo y especialmente por estar presente en esta carta y en este proceso.


Me despido con afecto,

Diana


Carta Manuscrita (p. 1)
Carta Manuscrita (p. 2)
Carta Manuscrita (p. 3)
Carta Manuscrita (p. 4)

viernes, 14 de octubre de 2016

Diálogo, Ingrid Bohórquez

Razonamiento incorrecto

Anónima – ¡Oh! querido muchacho hace días te he escuchado preguntar sobre si se puede recorrer una cosa de magnitud infinita en un tiempo finito. ¿Es correcto lo que estoy diciendo sobre tu preocupación?
Jerónimo – Así es.
Anónima – ¿Pero por qué te ha surgido esta pregunta?

Jerónimo – Me ha surgido porque he escuchado últimamente a los hombres decir que Aquiles el hombre más rápido de Atenas no puede alcanzar a la tortuga más lenta. Y no la puede alcanzar, porque, la tortuga tiene una ventaja sobre él y cuando intenta atraparla, cuando Aquiles llega al punto donde ella estaba, ella se ha adelantado nuevamente y así sucesivamente. Es decir, cuando Aquiles llega al nuevo punto donde la tortuga está, ella ya ha avanzado.

Anónima – ¡ah querido muchacho! ya entiendo el porqué de tu preguntar, es cierto, Zenón de Elea nos ha puesto bajo una encrucijada bien complicada y al parecer no se puede salir de ella, al parecer él tiene la razón. Pero yo te puedo asegurar que no es así. Pues él está haciendo un razonamiento incorrecto. Si quieres saber por qué te digo esto, permíteme que te haga saber los argumentos.

Jerónimo – Claro que sí quiero que me los hagas saber. Pues lo común para nosotros es debatido de forma lógica por Zenón, de tal manera que me hace creer que estamos engañados y que lo que nuestro entendimiento común comprende es un engaño, una ilusión.

Anónima – Para empezar quiero que con tu ayuda aclaremos las siguientes cuestiones. ¿Qué quiere decir que la magnitud sea infinita? Pero antes de responder esta pregunta ¿qué es lo infinito?

Jerónimo – Ummm. Lo infinito lo pienso respecto de los números, es decir, no hay un fin de los números, ni positivamente ni negativamente, estos no tienen límite.

Anónima – Sabes me gusta tu respuesta, es muy acertada y me permite explicarte dos cosas. La primera, concuerdo contigo de que lo infinito no tiene fin, límite. A saber, se extiende y no podemos decir que el número 1.000 es el fin de los números positivos, de igual manera argumentamos respecto a los números negativos. En este punto no solo quiero que pienses solo matemática sino también físicamente, pues del universo tampoco podemos afirmar cuál es su fin. ¿Entiendes lo que te digo?

Jerónimo – Según entiendo lo que me dices, en la naturaleza, como en lo que versa la física, también hay cosas infinitas.

Anónima – Así es. Retomando lo anterior, la segunda cosa que te quería decir es que lo infinito se dice en dos sentidos, en división y en extensión. En división cuando hablamos de que algo se divide, pero eso divisible también se puede dividir y así sucesivamente. Pero para que entiendas mejor te voy a poner un ejemplo, imagina que un corredor debe recorrer desde un lugar B a un lugar D, pero antes de llegar a ese punto debe recorrer la mitad de esa distancia marcada por B y D, pero para llegar a esa mitad de la mitad, debe llegar a la mitad de esa mitad y así sucesivamente. Es decir, esa distancia a recorrer entre B y D es infinitamente divisible. Y en cuanto a lo infinito en extensión, podemos pensarlo en adición, es decir debes sumar hacia el infinito, debes pensar que se aumenta. Por esto como te decía anteriormente me parece acertada tu disertación ¿en qué sentido? En el sentido en que tú decías que los números no tienen un fin ni positiva ni negativamente. ¿Entiendes lo que te digo y estás de acuerdo con mis argumentos?

Jerónimo – Estoy de acuerdo con lo que has dicho y pido, por favor, que continúes con tu disertación.

Anónima – Ya habiendo aclarado lo infinito, nos resta responder la pregunta sobre la magnitud infinita. Para aclararte esto quiero que aceptes que toda cosa que existe tiene magnitud y si algo no tiene magnitud no puede existir. Pero la magnitud es continua y lo continuo tiene partes y extremos. A saber, la magnitud es divisible y en la medida que es divisible es infinita, pues sus partes se dividen infinitamente.

Déjame decirte que tu preocupación inicial - sobre cómo una magnitud infinita puede ser recorrida en un tiempo finito- es incorrecta. E incorrecta en el sentido de que es imposible recorrer en un tiempo finito una magnitud infinita como puedes ver lógicamente esto es visible y aceptable. Lo que no podemos aceptar es que el tiempo sea finito, pues si la magnitud es infinita el tiempo también debe serlo. Así que el tiempo también es un continuo y como mencionamos anteriormente, lo continuo tiene partes y extremos. Y en la medida que sea continuo es divisible, a saber, el tiempo también es infinito. ¿Haz entendido lo que te he explicado?

Jerónimo – Sí lo he entendido y creo poder resolver la muy conocida paradoja de Zenón de Aquiles y la tortuga. Si entendí bien Aquiles puede alcanzar a la tortuga siempre y cuando tanto la magnitud como el tiempo sean infinitos. Aunque la tortuga le lleve una delantera a Aquiles, él en un tiempo y en magnitud infinito alcanzará la tortuga. Tal vez de esta manera no sea tan clara la explicación, pero si me permites hacer uso de la progresión geométrica creo que será más clara mi explicación. A ver, voy a intentar explicar por medio de la progresión geométrica en qué tiempo y magnitud infinita Aquiles alcanza a la tortuga. Al momento de la salida Aquiles se encuentra en la posición inicial 0 mientras la tortuga en la posición inicial de 100 metros; cuando Aquiles al cabo de los 10 segundos llega a los 100 metros (que es lo que tarda en recorrer los 100 m), la tortuga está 10 metros más adelante y empleado el mismo tiempo que Aquiles, a saber 10 segundos. Cuando Aquiles llega a los 110 metros la tortuga ha avanzado un metro y para estos metros han empleado los dos corredores 11 segundos. Si seguimos en esta progresión geométrica nos damos cuenta que al cabo de los 11,111… tanto los metros como el tiempo empleado en la carrera Aquiles alcanza a la tortuga.

Ahora al igual que tú quiero saber si mi explicación ha sido clara, has entendido y estás de acuerdo con ella.

Anónima – Me parece que tu explicación ha sido clara, pues demuestras como puede ser resulta la paradoja. Si bien la progresión geométrica nos sirve para entender cómo se resuelta la paradoja, no debes olvidar que de lo que estamos tratando aquí es de las cosas físicas; y debes tener en cuenta que la matemática en su totalidad no nos permite dimensionar el razonamiento falso y nos desvía de que lo que estamos discutiendo, de lo físico. También me parece que comprendes en qué consiste la imposibilidad de la paradoja de Zenón, pues es cierto que una magnitud infinita no se puede recorrer en un tiempo finito; y precisamente, porque lo infinito rebasa lo finito. De tal manera que la imposibilidad se soluciona entendiendo que tanto el tiempo como la magnitud son infinitas. Si estos – el tiempo y la magnitud- son infinitos podemos resolver la paradoja.

Para finalizar quiero resaltar que de nuestra percepción es difícil dudar, pues si dudamos de ella nos es difícil dar cuenta de este mundo que nos rodea, que está ahí y se nos presenta por medio de ella. Así que aunque lógicamente parezca que somos engañados, no lo es así para mí. Pues si desconfiamos de lo que nos permite dar cuenta del mundo de la vida, cabe preguntarnos qué nos permite dar cuenta de este aquí y ahora. Querido muchacho espero te hayan servido mis argumentos para comprender y responder a tu pregunta.

Jerónimo – A ti te agradezco por haberte tomado el tiempo de hacerme entender esta paradoja.

Tema: Zenón, Fragmentos. Aristóteles, Física, VI, 1-2, 9.
Aristóteles. (1995). Física. (G. De Echandía, Trans.). Madrid: Gredos.

Carta, Astrid García

08 de Septiembre de 2016


Apreciada señora Bates:

Nuevamente recurro a escribirle a usted, tal vez sea por esa característica dialéctica que tiene el escribir un texto para alguien. Pero, sé que con usted se trata de algo más, una confianza que me impulsa a amar el momento de escribirle. 

Me dirijo a usted con gran cautela, pues el tema que me propongo exponer en esta carta no es para nada fácil de describir. Como bien sabe usted, estoy tratando de entender el complicado aparato físico que Aristóteles nos dejó. Espero, recuerde bien nuestra ardua tarea de encontrar las causa primera, pues es importante saber por qué me encuentro en este lugar de la disertación. 

Tratando de responder nuestra inspiradora pregunta, me encontré con la pregunta por el movimiento, de su posibilidad o imposibilidad. Es tan extenso, que le puedo asegurar que algunos como Zenón de Elea afirman que no existe movimiento tal y como lo conocemos; que más bien el movimiento es el estado de reposo de una cosa material en un espacio, y que este ocupa consecutivamente posiciones a través de un periodo de tiempo. Imagínese usted mi estimada señora, poder comparar el movimiento real con el cine. Para este señor no sería tan descabellado pensar que nuestro movimiento funciona como una reproducción de múltiples fotografías de nuestra realidad. De cierta manera nuestro pequeño sueño de ser las protagonistas de uno de los films de Hitchcock ya no sería más un anhelo indiferente, bastaría con mirar nuestras vidas bajo la propuesta de Zenón para imaginar que hacemos parte de una buena película. 

Espero que con lo anterior no haya quedado muy confundida, pues a continuación trataré de explicar un poco mejor de que se trata todo este lío del movimiento. Es importante que tenga claro que la continuidad, el contacto y la sucesión serán características vitales. La continuidad se verá reflejada en aquellas cosas cuyos extremos son uno; piense usted en aquella casa en la que vivió esos terribles seis meses en París, ¿recuerda que se quejaba constantemente de las divisiones delgadas entre las habitaciones? Pues bien esto es la continuidad aquello que se da entre cosas que comparten un mismo extremo y son divisibles. Ahora el contacto se da en aquello que es contiguo, como esta casa que estaba seguida de cientos de casas más, pues bien aquella casa que era su vecina estaba en contacto con su casa y todo el resto de casas formaban una contigüidad en aquella cuadra y todas estaban en contacto permanente, pues sus límites se tocaban entre sí. Ahora bien la sucesión será aquella correspondencia que tiene su casa con la vecina y no con la tercera, pues si bien para que haya sucesión es imperativo que estén separadas por cosas del mismo género. 

Teniendo claro lo anterior, quiero que entienda que aun cuando lo continuo se ve fácil de entender, hay condiciones que lo limitan; por ejemplo un continuo no pude estar compuesto de puntos, pues los puntos no poseen magnitud y por tanto no existirían, habrá una sucesión de puntos si se da como condición de que entre dos puntos siempre debe existir una línea. También quiero resaltar que los puntos tienen la particularidad de no poderse dividir es decir, de ser indivisibles, por tanto tampoco poseerán extensión alguna. 

Para Zenón existirán muchas cosas en el mundo, las cosas que tiene límite, y las ilimitadas, pues poseen cosas entre ella. Un ejemplo claro, será los números existentes en una recta numérica que se encuentran entre uno y dos. Como bien sabrá estará 1.5, 1.25 y así sucesivamente se podrá dividir este espacio en cientos de espacios ilimitados. Esto nos traerá también el problema de que un conjunto finito (como lo es la recta del 1 al 2) pueda contener conjuntos infinitos (como 1.5, 1.25...) Ahora bien, sé que se estará preguntando por el número cero, conozco bien su deleite por dicho número, pues bien este se tomará como un número sin magnitud y recuerde que aquello que no tiene magnitud no se puede agregar a ningún conjunto. Lo que no tiene magnitud no existirá. En un conjunto discreto es necesario que las cosas entren en contacto, por tanto es importante que no solo divida en partes infinitas, sino que también se agregue algo a la magnitud de afuera por grande que esta sea. Si existe es infinito y tiene magnitud divisible hasta el infinito.

Ahora, imagine usted a un corredor encima de nuestra recta numérica del 1 al 2, ¿entiende usted, que según lo anterior, el deberá atravesar la infinitud de parte en la que se puede dividir esta recta en un tiempo finito? Entonces ¿sería posible que nuestro corredor llegara a 2 alguna vez? Y en este punto entramos a revisar la imposibilidad del movimiento y con él negaríamos la multiplicidad de las cosas. Es importante aclara que Aristóteles fácilmente resuelve este problema afirmando que no es lo mismo infinito en divisibilidad que infinito en extensión, por tanto en lo continuo hay un número de infinito de mitades pero SOLO EN POTENCIA NO EN ACTO. En mi opinión es una de las mejores razones, no sé si porque respeto mucho la teoría aristotélica, o porque genera en mí una tranquilidad inexplicable de ser real, puesto que no pienso que todo movimiento que haga será un recuadro en serie y millones de veces reproducido. 

Por lo que ahora me compete, siento que debo parar de escribirle por hoy, quisiera estudiar un poco más, para que nos vayamos ilustrando en el camino. Agradezco de corazón la fiel lectura que hace de mis cartas, sepa que para mí escribirle tiene un carácter si se quiere erótico, pues entiendo que no a cualquiera le gustaría sentarse a leer una cosa de gran magnitud. Hay que tener una mente diferente, y sepa usted que eso es lo que más valoro de nuestra distante relación. 

Con afecto,


ASTRID

Tema: Zenón, Fragmentos. Aristóteles, Física, VI, 1-2, 9.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Carta, Miguel Ángel Espitia


Bogotá D.C 8 de septiembre del 2016

Mi querida Z ….

He guardado silencio por mucho tiempo, pero hoy es un día muy especial puesto que llegó a mis manos un libro cuyo tema me hizo recordar aquellos días en los cuales hablábamos y no sentíamos ni el movimiento ni el tiempo. Te preguntarás cuál es ese libro, pues bien es la Física de Aristóteles específicamente el libro VI donde refuta las paradojas de Zenón sobre el movimiento. Zenón de Elea presenta cuatro argumentos en contra de la realidad del movimiento (la dicotomía, la carrera, la flecha y las filas en movimiento), porque para este el movimiento no es posible debido a que la realidad es una y no se puede dividir. Lo anterior es debatible, si se dice que las conclusiones de Zenón no implican una aceptación de la unidad, sino que son una crítica a los absurdos tanto del monismo como del pluralismo.

Pues bien, todo lo anterior me hace escribirte porque estos temas son como tú dices: “complicados” según sea la perspectiva mediante la cual se aborde la problemática. Aristóteles refuta directamente los argumentos dado que para este Zenón comete falacias, es decir, lo postulado por Zenón es engañoso. El primer argumento de Zenón es el de la dicotomía que consiste en la divisibilidad Ad infinitum de una extensión, por ejemplo, existe un punto C desde el cual se inicia el movimiento y un punto D al cual se tiene que llegar, pero antes de llegar a la meta se tiene que recorrer primero la mitad de la distancia antes de llegar al final, y de esta se tiene que recorrer la mitad de la mitad y así Ad infinitum; de lo que Zenón deduce que no es posible el movimiento. A lo anterior, Aristóteles responde diciendo que el infinito se dice en dos sentidos: a) infinito en extensión e b) infinito en divisibilidad. Lo anterior, es a causa de que en un continuo hay un infinito de mitades en potencia (dynamis) pero no en acto (entelékheia). Por lo tanto, Zenón comete una falacia dado que aplica la divisibilidad a la extensión más no al tiempo.

El segundo argumento es el de Aquiles y la tortuga, se parece al anterior, la diferencia es que ya no se trata de un punto inicial y uno final, sino simplemente de que Aquiles no puede alcanzar a la tortuga puesto que esta tiene una ventaja, por lo tanto, Aquiles tiene que llegar primero a donde estaba la tortuga, pero la tortuga ya avanzó la misma distancia, y así sucesivamente Ad infinitum. Aristóteles dice que sucede lo mismo que en el argumento anterior, puesto que es posible recorrer en un tiempo finito un espacio divisible infinitamente y así Aquiles alcanza la tortuga.

El tercer argumento para mí es el más genial de todos, puesto que va una flecha por el aire y Zenón dice que no está en movimiento debido a que el reposo consiste en estar ubicado espacial y temporalmente en un lugar. Y si se tiene en cuenta lo anterior e identificamos el “ahora” de un tiempo consecutivamente, la flecha siempre está en reposo. Esta visión del tiempo como una sucesión de “ahoras” es brillante, ya que solo disponemos del instante y se tiene que disfrutar de lo que se vive en ese instante como muy bien tú me lo decías, sin andar pensando en un futuro dado que las cosas pueden cambiar drásticamente, por ejemplo, uno puede pasar de ser un extraño para alguien a ser una persona especial en menos de una semana, pero de igual manera volver a ese lugar de extraño en menos de dos días, como bien lo sabemos. Pero bien para Aristóteles esto no es posible ya que el tiempo no está hecho de muchos “ahoras” consecutivos.

El argumento del estadio es el siguiente, una fila de cuatro objetos esta inmóvil otras dos filas están respetivamente a la derecha y a la izquierda, estas se mueven con velocidad constante e inician el movimiento en la mitad de los objetos inmóviles, hacia la derecha e izquierda respectivamente. Cuando termina el movimiento y quedan todas ordenadas en tres columnas el primer objeto de una fila ha recorrido (con respecto a la otra fila en movimiento) cuatro objetos mientras que con respecto a la fila que está en reposo solo recorrió dos objetos, por lo tanto, la mitad de un tiempo dado es igual al doble del mismo. Así Zenón concluye que no hay movimiento, a lo que responde Aristóteles que este está en un error creyendo que un cuerpo en movimiento pasa con igual velocidad a cosas que están en reposo y en movimiento.

Los temas del movimiento y del tiempo son maravillosos, uno encuentra muchas argumentaciones a favor y en contra, desde mi postura el movimiento existe como una realidad física sin discusión, pero lo que sí se puede discutir es la idea de movimiento que produce nuestro aparato cognitivo. Para finalizar, espero leas toda esta carta y te enteres de la fuerza sobrenatural que habita en mí y me hace estudiar filosofía. Sé feliz.

Un tal Ángel Espitia

Tema: Zenón, Fragmentos; Aristóteles, Física, VI, 1-2, 9.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Meditación cartesiana, Diana Acevedo

Desconfío de mi cuerpo, desconfío de todo, desconfío de mis sentidos y aquello que dicen sobre mi, sobre quién soy y dónde estoy en este momento. Me sumerjo en las profundidades de un pantano sin fondo, no sé qué soy, no sé qué me pertenece, me he despojado de aquello que antes me atribuía desprevenidamente. Si lo que me rodea es falsedad, arenas movedizas, ¿qué hay?, ¿qué existe de manera cierta y evidente? He lanzado la duda como una red sobre el mundo esperando que una certeza muerda el anzuelo. Si esta esperanza es defraudada, todo estará perdido.

Resulta que yo puedo ser autora de mis pensamientos, sensaciones e imágenes, a la manera de ilusiones o ficciones que se representan en el teatro de la vida. Y aún si es ese es el caso, seguiré siendo yo la autora de las ficciones, de lo que se sigue que yo debo ser algo. Una confianza subrepticia se ha mostrado como un polizonte en esta empresa: confío en que de la falsedad de los pensamientos que experimento y produzco no se sigue que yo no exista; más aún, se puede concluir que necesariamente yo, que los pienso, siento e imagino, existo.

¡Qué capacidad soberana posee mi pensamiento para producir por sí solo tales elucubraciones! ¡Qué poder profundo heredé de las diosas para ser yo la autora de todo lo que encuentro en mi pensamiento!

He confiado en las razones que se siguen y se repelen por cuenta de su propia naturaleza, he confiado al decir "se sigue" que yo existo necesariamente ahora. ¿Puedo dudar de que yo existo necesariamente aún si nada de lo que pienso, siento e imagino existe? Solo si hubiera concedido la locura en mi anterior meditación, solo si hubiera concedido ser yo como aquellos que llamé insensatos.

Más me embarga la inquietud de haber llegado a una verdad vacía, pues ¿qué es esto que soy yo, que necesariamente existe cuando lo pienso? Se me escapa la certeza una y otra vez, no puedo confiar en mi memoria. Tengo que volver de nuevo a la sentencia "yo soy, yo existo si estoy pensando ahora", no importa qué estoy pensando, no importa hacia qué puerto oscuro se dirige mi pensamiento.

¿Por qué poder magnífico el pensamiento, como acto realizable por mi en el tiempo, me concede existencia? ¿Le concederá existencia a otras y otros? No podré saberlo. La condición de esta certeza es haber abandonado por el artificio de la meditación y de la duda el mundo que me ofrece mi cuerpo; el mundo que comparto con infinitos seres diversos. Lo he dejado en suspenso por presentarse oscuro y confuso. La búsqueda de claridad y certeza me ha llevado a desprenderme del contenido de todas mi actividad anímica. He desembarcado en la actividad pura, en el puro fluir de la misma. Pero el carácter de dicha actividad, su naturaleza, se me revela como un misterio... La pregunta ¿qué significa pensar? tropieza con un muro. Desprovista de todo contenido la actividad está vacía. Pues, ¿a qué categorías acudiré para explicarla, para responder qué es, si me he deshecho de todo, si no he conservado nada a lo que pueda aferrarme en medio de este pantano? "Nada se presenta, me fatigo en vano repitiendo lo mismo".

Tema: Descartes, Meditaciones metafísicas, meditación segunda, primera parte.

martes, 27 de septiembre de 2016

Discurso, Bayron Giral


Paradojas sobre el movimiento: lo uno y lo múltiple.

Ciudadanos de Grecia, me pregunto: ¿por qué aceptamos como cierto que en el mundo haya muchas cosas? y ¿por qué aceptamos que hay movimiento? Pues, nos encontramos en el mundo con cosas continuas, limitadas o ilimitadas, pero ¿cómo es posible que exista unidad entre ellas si pueden ser divisibles?

Si aceptamos que hay muchas cosas, son tantas cuantas son, o sea que podemos contarlas. Sin embargo, entre una misma cosa hay continuidad porque conforma una unidad, pero también existen cosas de género distinto que permiten diferenciar entre una u otra cosa, cuando están en sucesión. Así pues, las cosas divisibles tienen extremos que limitan con otra cosa distinta, pero entre una cosa y otra siempre hay algo divisible, y entre esa cosa y otra también y así se podría llegar al infinito, a no ser que hubiera algo indivisible. Pero, si las cosas se pueden dividir hasta el infinito, ¿no podríamos decir que no hay nada? Pues, si las cosas no tienen magnitud no existen; o, ¿no sería mejor decir que solo hay una cosa? Sin embargo, si solo hay una cosa, ¿no está compuesta de partes divisibles? Entonces, si las cosas son separables siempre hay otra cosa que es separable y así sucesivamente. Si una cosa existe y tiene magnitud es infinita porque si fuera ilimitada carecería de magnitud por no tener extensión ni continuidad y por ende no existiría.

Teniendo en cuenta esto, surgen varias cuestiones sobre el movimiento. Resulta que, ni el velocísimo Aquiles sería capaz de alcanzar a una lenta tortuga, si le da ventaja al iniciar una carrera, pues él tendría que recorrer infinitos antes de alcanzarla. Así, si se puede dividir la magnitud infinitamente, un corredor debería recorrer infinitos puntos para llegar a la meta. Entonces, lo paradoja está entre la infinitud de la división y distancia finita o el tiempo finito. Por otra parte, qué pasa si el movimiento solo es la consecución de las posiciones de un objeto en el tiempo, pues los objetos son los mismos pero hay una variación de posición. Podríamos decir que cuando lanzamos una flecha, esta no cambia sino que se puede mirar el lugar en que se encuentra en determinado tiempo.

Con estas reflexiones, ¿podrían pensar que estoy en contra de la existencia del movimiento, o de que exista lo uno? Por ahora les respondo: no me importa profesar dogmas, prefiero inmortalizar problemas.
Tema: Zenón de Elea, Fragmentos. Aristóteles, Física, VI, 1-2; 9.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Diálogo, Andrés Atehortúa


Charla acerca del cambio

-Eliecer: Mija, imagínate que me dieron en la empresa unas boletas para ir a unas actividades de recreación. Me dijeron que va a haber música, aeróbicos, baile y deportes de esparcimiento. Pero yo no sé si a Paola le den ganas de ir con nosotros. ¿Tú qué crees? ¿Será que ella se anima? Porque de Carolina no tengo problema y sé que ella si va.

-Ana: Hay mi vida, pues la verdad que yo no sé. Ella es una muchacha tan rara.

-Eliecer: Si, esa niña en vez de estarse moviendo y gozando la juventud se la pasa sólo leyendo y encerrada en la pieza, vaya uno a saber qué es lo que hace allá adentro. Qué mamera que uno en esta casa nunca pueda hacer una actividad en familia.

-Ana: Pero tenle un poco de paciencia, yo me acuerdo que a su edad a mí tampoco me gustaba salir mucho y eso no significaba que fuera una haragana. Lo que pasa es que yo sentía que toda mi energía y todo lo que podía lograr debía estar en reposo para más adelante invirtiéndolo en llegar a ser lo que yo quería.

-Eliecer: Cómo así, no te entiendo.

-Ana: Sí amor, me refiero a que en esa época yo soñaba con ser pintora y aunque se decía que en mi familia había tradición de pintores y dibujantes, cuando decidí empezar a dibujar aun no era, por lo menos, una dibujante decente y sentía que en ese momento estaba sentenciada a no ser lo que quería. Entonces por eso decidí que aunque no fuera ya la gran dibujante, para luego ser la pintora que quería ser, intentarlo, y que mi actualidad no iba a determinar el no ser pintora en algún momento de mi vida y por eso me encerré en mi pieza a practicar y practicar.

-Eliecer: Claro, y soy consciente de que el hecho de que tu estés en una situación que parece inmodificable, eso solo pasa en un presente y el futuro puede cambiar para que seas algo que antes no eras. Pero es que a veces yo veo a Paola tan tranquila, que no valora el tiempo cultivándose de mejor manera, además que no valora compartir momentos con nosotros.

En ese momento entra Carolina cantando y simulando unos pasos de dance hall.

-Eliecer: En cambio mira a Carito, mantiene tan feliz, como goza y es una buena deportista.

-Ana: Pero es que todo cambia de alguna manera, y aunque no quisiera, muchas cosas de Carolina pueden cambiar y otras… pues se van a mantener aunque para mí ella seguirá siendo Carolina, solo que más grande y más estudiada. Y eso también va a pasar con Paola. Ella seguirá siendo Paola solo que con unos cambios. Inclusive yo era así -como Paola- cuando chiquita: callada, más bien quietica, pero eso no significaba para mí que no estuviera moviéndome y siendo laboriosa. Y luego hubo un cambio y me volví más activa, pero igual yo me sentía la misma, así mis papás no lo vieran porque ellos veían las cosas de otra manera.

-Eliecer: Sí, pero también hay que tener en cuenta que uno debe confiar en sus observaciones y muchas veces ellas tienen la razón cuando se trata de ver gente que no cambia, es como si fueran uno para toda la vida. Y con esa actitud de Paola parece ser que lo que la gente es nunca puede cambiar, y a ella la veo tan cómoda que eso ratifica mi posición frente a ella.

-Ana: Y ¿a qué posición te refieres?

-Eliecer: Pues sí mija, me refiero a que hay gente que con ayuda de la comodidad se quedan en lo que son y más si vienen de una condición de largo tiempo, es como si no existiera posibilidad de cambio.

-Ana: Pero eso sería negar el cambio y el hecho de que en nosotros se dan constantemente situaciones contrarias que nos obligan a decidir, como si esos contrarios fueran unos principios para conservar o cambiar lo que somos.

Se acerca a ellos Carolina con una amplia sonrisa.

-Carolina: Y ahora por qué están peleando.

-Ana: No mi amor no estamos peleando, lo que pasa es que a tu papá le disgusta mucho que Paola nunca se integre en los planes que hacemos, y yo la estoy defendiendo porque yo sé que lo que él piensa, de que ella no se mueve casi y que no va a cambiar, es un poco apresurado para una persona tan joven.

-Carolina: Pues mami, a mi Paola siempre me ha parecido medio rara. Un poco aburrida para mí gusto. Pero ¡que se le puede hacer! todas las personas son distintas en muchas cosas, pero por eso no dejan de ser personas. Y ante todo personas agradables, solo que de otra forma.

-Eliecer: ¡Ah! ¡Tú también te le vas a unir a tu mamá y justificar la pereza de tu hermana!

-Carolina: No papi, no es eso, lo que pasa es que no se puede concluir algo partiendo de suposiciones que tomamos como verdaderas. Porque yo me he dado cuenta de que a veces juzgamos las partes por el todo y al todo lo confundimos con partes o aspectos que no definen los asuntos en cuestión como si fueran los más importantes.

-Eliecer: ¿O sea que me estás diciendo que no sé ver las cosas por sus propiedades reales?

-Carolina: No papi, qué pena, no es que yo lo esté poniendo así. Solamente digo que a veces uno confunde algunas características como si en efecto fueran la persona. Y eso parece que sucediera en casi todo. De hecho, ¿te acuerdas que cuando yo estaba en transición tú me regañabas por pintar el cielo naranja con rojo y mi mami me defendía diciendo que el cielo tiene muchos colores?

-Eliecer: Sí me acuerdo de eso. Pero es que ¿cuándo de verdad has visto un cielo naranja con rojo?

-Ana: Pero es que Eliecer, en un atardecer en verano los matices del cielo varían desde un azul índigo, pasando por el gris de unas tímidas nubes hasta llegar al amarillo dorado del sol poniente, dando al final un rosado cercano al rojo donde el cielo parece fundirse con la tierra. Y no por eso el cielo deja de ser cielo.

-Carolina: SÍ… SÍ, eso es lo que yo quiero decir, porque aunque la experiencia nos muestre que la base de color del cielo en un día sin nubes es azul. No hay que desconocer que en determinados momentos su color cambia.

-Eliecer: Tal vez las dos tengan razón en decir que hay cosas que aunque cambien en algo, su base o lo que es se mantiene. Pero es que hay características que son tan propias en muchas personas y cosas que si ellas desaparecieran desaparecería la persona o la cosa.

-Ana: Tal vez estés en lo cierto, más aun cuando todo este problema pareciera recaer en la manera como hablamos y nos referimos a los seres que hay por ahí. Pero creo que el problema es que estás pensando que existe una sola manera de definir y por la cual podemos entender a alguien o a algo, y quizá ese sea el error. Estás pensando que puede haber una sola manera de definir a la gente, y en ese error estas cayendo al anticiparte sobre Paola. Porque yo no creo que ella se puede definir solamente como una niña apática y aburrida o perezosa. Y pienso que se puede decir sobre alguien muchas cosas para definirla.

-Eliecer: ¿Entonces me estas queriendo decir que existen maneras casi hasta llegar al infinito de definir o conocer a alguien?

-Ana: No, me refiero a que existen varias maneras y eso no significa un número infinito, pues una cosa es ser muchos o varios y otra es infinito. Además si algo fuera infinito en características las definiciones serían tan variadas que nadie podría conocer realmente, porque ¿quién tiene la razón?

-Carolina: Está discusión no llegará a ninguna parte, y yo sin haber estado desde el comienzo ya me estoy aburriendo. Por eso yo prefiero que los hechos hablen. Papi más bien espera un poquito y yo habló por la tarde con Paola y le digo lo de las boletas, yo sé que puedo animarla a salir, porque sé que en el fondo ella no es solamente lo que nosotros creemos de ella, sino mas bien, alguien que se muestra de muchas formas y no por eso va a dejar de ser tu hija y mi hermana mayor.

-Eliecer: Pues la verdad lo dudo, pero yo ya me cansé de gastar voz diciéndole que salga con nosotros, entonces ahí les dejo ese problema y ojalá me dejen callado al mostrar que estoy equivocado sobre ella. Y es una pena porque es mi hija y la quiero como no lo pueden imaginar. Pero en la vida he aprendido a desistir cuando las armas que posees ya no dan más, y ceder el terreno a otros mejor dotados. Voy a estar arriba arreglando la fuga del baño.

-Carolina: Ánimos papi, ánimos que yo puedo animarla, ve juicioso para arriba y relájate.


Carolina sube a su cuarto, mientras Eliecer empieza a alistar las herramientas para corregir la fuga y Ana continúa arreglando unas verduras para el almuerzo. Dando por terminada la conversación. Por ahora.

Tema: Aristóteles, Física, I, 1; II, 1-7.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Carta, Diana Carolina C. Botero

Bogotá, 1 de septiembre de 2016

Estimada Lucia,

Acabo de leer un minicuento de Edward Lane llamado Bahamut. Esta pequeñísima jácara habla de la creación de la tierra, pero que ésta no se sostenía a sí misma, si no que algo, diferente a ella, lo hacía. A su vez, esto que era el sustento de la tierra era sostenido por otra cosa más. Ese es el cuento, bajo una cosa, hay otra. Pero hay algo que, podría decirse, sostiene todo lo sostenido: la oscuridad. “Pero el toro no tenía sostén y así bajo el toro creó un pez llamado Bahamut, y bajo el pez puso agua, y bajo el agua puso oscuridad, y la ciencia humana no ve más allá de ese punto”.

Luego de leer a Lane me quedé pensando sobre aquello que sostiene nuestras creencias, y si existe algo así como un principio de donde éstas parten. Hablo de las creencias, también llamadas opiniones, porque son las cosas que más se acercan a nuestras experiencias y sensaciones y pueden ser un punto de partida. Pensemos en la opinión acerca de la naturaleza, ¿qué es para nosotros esto tan cotidiano que vemos en cualquier lugar y que puede aparecer en cualquier rincón de la casa? Primero, yo diría que son variadas las maneras en las que se puede hablar de naturaleza. Se dice que hay cosas que son “por naturaleza”, como los animales, los hombres, la tierra y el agua –que nombra Lane en su cuento–, el fuego y el aire. Estas cosas que son por naturaleza son por sí mismas y no por algo más, no hay algo que las sostenga, son simples. Estas cosas que son por naturaleza también tienen un lugar natural, algo así como una dirección hacia donde tienden o se dirigen. Como en el caso del fuego que tiende hacia arriba. Además, tiene un principio interno de movimiento. Otro sentido en el cual se puede decir naturaleza es en el que las cosas “tienen naturaleza”. Por ejemplo, la cama. Ésta tiene naturaleza debido a que está hecha con madera y ésta viene de la tierra. Otro sentido de predicación de la naturaleza es “de acuerdo a la naturaleza”. En este sentido se puede hablar del desplazamiento como algo externo a la cosa misma. Externo porque el movimiento no es algo que tenga en sí mismo, sino que yo se lo proporciono a la cosa inanimada. El segundo y el tercer sentido en que se dice naturaleza corresponden a la relación, es decir, se componen por medio de una relación, ya sea naturaleza-artefacto (tienen naturaleza) o cosa inanimada-principio externo que se da de acuerdo a la naturaleza.

Espero no haberte confundido más y hasta una próxima oportunidad.

Recuerdos,

Carolina

Tema: Aristóteles, Física Libro I, 1; Libro II, 1-4, 7-9

jueves, 15 de septiembre de 2016

Carta, Astrid García

23 de Agosto de 2016

Apreciada señora Bates

Escribí esta carta con la intención de culminar algunas cuestiones que quedaron abiertas en nuestra pasada conversación, así mismo quisiera incentivarla a que sigamos en la búsqueda de repuestas. Pues si bien logré comprender algunas cosas, se dará cuenta en el desarrollo de mi carta que quedarán nuevas cuestiones por resolver. Recurro a este medio escrito para salir un poco de la escritura académica y también para sentir aquella sensación de libertad que solo una forma comunicativa como esta nos puede entregar. Espero no le moleste mi informalidad y más aún se vea motivada a practicar un poco más esta forma de escritura romántica y expresiva. 

Recuerdo bien que una de las preguntas que más rondó nuestra conversación fue la del principio de todas las cosas; tengo presente que recurrimos a todo tipo de respuestas desde biológicas hasta religiosas, pero pasamos por alto las respuestas filosóficas. En este escrito recurriré a estas (las respuestas filosóficas) de la mano de Aristóteles y su difícil problema del proyecto metafísico. No pretendo con esto resolver del todo nuestra tormentosa pregunta, pero sí pretendo esbozar nociones filosóficas que nos permitan tener otra mirada del principio de todas las cosas, además que las que ya teníamos. También me aseguraré de comentar cómo el conocimiento, la sabiduría y la ciencia tienen un papel protagónico en el camino hacia encontrar la causa primera. 

Para comenzar quisiera recordar un poco a los presocráticos, pues fueron ellos quienes hablaron de forma concreta de las causas primeras. Pues algunas de sus opiniones fueron validadas, ya sea porque hubiesen sido comúnmente admitidas o porque algún sabio respaldara esta opinión. En todo caso fueron ellos quienes instauraron una primera definición de las causas primeras. Los presocráticos pensaban que aquellos principios de todas las cosas provenían de la naturaleza material, a partir de ella estaban constituidas todas las cosas y era a partir de ella que se generaban y se descomponía, pero aun así la entidad permanecía aunque sus características cambiasen, por tanto la materia se conservaba. 

Aquellos presocráticos eran hombres llevados a buscar estas verdades por su amor a la sabiduría. Posteriormente Aristóteles hará referencia a la sabiduría como aquella ciencia que se ocupa de las causas primeras y de los principios. Y es que es cierto que el deseo del hombre por conocer es natural, pero no todo conocimiento es ciencia ni sabiduría. Pues si bien todo hombre percibe el conocimiento no todos llegan a la sabiduría. Por ejemplo, está el hombre de experiencia, que gracias a su memoria constituirá una experiencia sólida de una multitud de recuerdos, y por esto sabrá cómo actuar en casos específicos y no estará a merced del azar. También encontramos al hombre de arte (téchné) aquel que posee un saber especializado, un oficio útil que recoge un conocimiento general de determinados casos, como aquel médico que es capaz de curar a un grupo de individuos que padecen en la misma enfermedad. Hasta este punto los sentidos, la experiencia y el estudio de oficios especializados han tenido un valor de conocimiento en los hombres. Pero para Aristóteles hay un grado de conocimiento superior a los anteriores y este sería el que posee el hombre de ciencia (epistéme), su saber es teorético y está orientado al mero conocimiento. Aristóteles afirmaba que los hombres de experiencia saben el qué, el hecho, pero no el porqué, mientras los sabios conocen el por qué y las causas. Y es que este último (el sabio) debía conocer la ciencia universal en grado sumo, es decir, los primeros principios y causas de las que partían los de más principios. Cabe resaltar que estos últimos se alejan cada vez más de sus sentidos y hacen un uso juicioso de la razón. 

El filosofar en esta época era una alternativa para el hombre que quería huir de la ignorancia. Impulsado por el afán de entender los fenómenos que se le presentaban. Ver la causa primera de las cosas era el afán del sabio, más que conocer al detalle cada cosa que constituía la realidad. Conocer el bien supremo de la naturaleza en su totalidad era tarea del sabio. Por lo anterior, aquellos hombres que se maravillaban ante lo que desconocían, eran llevados por su deseo natural de conocer a preguntarse y resolver las causas que afectan los fenómenos de su realidad, las causas que movían o dirigían estos fenómenos. Algunos como Tales de Mileto pensaban que el principio de todo era el agua, pues creía que esta era en origen de la vida y que la tierra flotaba sobre ella, todas las cosas participaban del agua por tanto se podía explicar la humedad de muchas cosas, como alimentos y semillas. Otros como Anaxímenes de Mileto pensaban que el origen de todo residía en el aire, pues lo rodeaba todo y sin este no habría respiración, por tanto no habría vida. Decía que era gracias a los estados de rarefacción y condensación del aire que las cosas aparecían. En el caso de Heráclito de Éfeso el fuego fue el elemento primario por transmitir su inestabilidad a la realidad, pues esta última está en un cambio constante. Que todo se mueve y las cosas están en continuo devenir afirmaba Heráclito. Posteriormente Empédocles afirmó que lo principios eran cuatro (agua, aire, fuego, tierra) y que siempre permanecían, y su reunión o separación era el único cambio, no se generaban ni destruían. Tal vez uno de los hombres de esta época que más se acercó para Aristóteles a las causas primeras fue Anaxágoras de Clazómene, pues él pensaba que los principios eran múltiples, pues casi todas las cosas formadas de partes semejantes, no están sujetas, como se ve en el agua y el fuego, a otra producción ni a otra destrucción que la agregación o la separación; es decir, no nacen ni perecen, sino que subsisten eternamente.

Después de todo lo anterior aquellos filósofos, ahora denominados presocráticos, se vieron llevados a buscar la causa que reunía o separaba aquellos elementos. Pues si bien era cierto que todo se movía en pro de su aglomeración o escases, ¿cuál será esta causa anterior que intervenía en el cambio y movimiento de todas las cosas? Aquello de donde procede el inicio del movimiento, la causa originadora de este será nuestra nueva pregunta, querida señora. El fin por el que se mueven las cosas, el por qué y el para qué, la causa del orden. Pues se hace evidente que respondiendo estas preguntas a la vez responderemos cuál es la causa o el principio de todas las cosas que son.

Ahora bien mi admirable señora Bates, le propongo estudie esto con detenimiento y me dé su opinión, estaría encantada de leer cuáles son sus dudas sobre lo que expuesto hoy, quisiera saber si algo de este pensamiento le molesta o le es afín. Pues como bien sabe lo que más aprecio de nuestra distante relación son los momentos en los que dialogamos en pro de adquirir conocimiento. Espero se vea motivada y aún más inducida a seguir investigando sobre este fenómeno. 

Quedo atenta a su pronta respuesta.

Con gran aprecio.

ASTRID

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Carta, Diana Carolina C. Botero


Bogotá, 25 de agosto de 2016

Estimada Lucía:

Últimamente me he estado preguntado cómo es que se genera el conocimiento. Si hago un recuento de cómo he aprendido lo que sé (o creo saber), me encuentro con que ha sido a través de mis canales sensitivos. Por ejemplo, ¿cómo aprendí a hablar? No lo recuerdo, pero lo sé porque lo he visto en otros seres. En la experiencia, cada ser humano escucha hablar un idioma y ese es el que aprende como lengua materna. Entonces, me parece Lucía que las sensaciones van ligadas a la experiencia.

En nuestras anteriores misivas sobre el tema te pregunté ¿cuál era, de los sentidos, el que más apreciabas? Para ti la vista es el sentido más importante y llegamos a la conclusión de que es común escuchar decir a la gente que ¡ama sus ojos! Pues estos hacen que conozcan más y, además, les muestran muchas cosas y diferencias. Yo me uniría a ese grupo de personas.

Volviendo al tema del conocimiento por medio de la experiencia, he pensado que existen grados de conocimiento. Pues, como ya te he escrito, creo que aprendí primero por medio de mis sentidos. No recuerdo cómo fue que aprendí a hablar, sólo que sé que mi idioma materno es el español y que esto se debe a que, desde pequeña, me familiaricé con él.

El conocimiento debe ser universal, pero también debe tener en cuenta la experiencia o contenido singular para no errar, por ejemplo, en la curación. ¿Recuerdas esa noche que tuve un fuerte dolor en el abdomen y me diste una tableta de hioscina con la cual me sentí peor, pero que tú decías que a ti te había servido muchísimo para el mismo dolor? Pues, a eso es a lo que me refiero cuando digo que el conocimiento debe ser universal, pero a la vez particular, pues la misma tableta que a ti te alivió a mí no me hizo el mismo efecto. Entonces sí habrían grados de conocimiento: uno, la sensación; dos, la experiencia; tres, el arte (techné) y; cuarto la ciencia (episteme). Estos niveles del saber irían de menor a mayor, pues los que poseen experiencia son más sabios que los que poseen sensación; a su vez son más sabios quienes poseen la técnica que quienes solo poseen experiencia y, por último, quienes acceden al conocimiento de la ciencia, más sabios y autónomos que los demás. Estos grados también van desde lo más cotidiano, es decir, desde la experiencia inmediata a la esfera de los conceptos o del conocimiento teórico. Entonces, el sabio más sabio es quien alcanza las cosas más difíciles de conocer y es más exacto respecto de las causas; además, se escoge a sí mismo y no en función de alguna utilidad y le están subordinados los demás saberes.

Lucía, para ti tus ojos son muy apreciados, tal vez es que comprendes viendo o eres muy curiosa y deseas llenar un vacío de ver solo por ver. El ver nos proporciona un comprender, por eso dice también la gente “hasta no ver no creer”. Cuando comprendemos es cuando podemos orientarnos en el mundo, como cuando aprendemos a hablar y luego aprendemos las reglas gramaticales del español para poder escribir una carta y ser entendidos. Es por lo anterior que puede decirse que el comprender es algo anterior a lo teórico. Y, al develar lo oculto en el mundo, nos descubrirnos a nosotros mismos.

Los grados del conocimiento, que te mencioné antes, corresponden a una tendencia hacia un fin que podría llamarse perfección. El más sabio de todos, el que se encuentra con la sabiduría, posee un conocimiento más apropiado y más verdadero, pero esto solo se logra a través del esfuerzo y el trabajo, como sucede en diferentes disciplinas. Este tipo de sabio produce un saber reflexivo que ya no tiene que ver con la necesidad, pues su reflexión es libre y se desprende del diálogo y el ocio. Este último se acerca a la idea de una disponibilidad que tiene el ser humano para el pensarse, para la reflexión. Lo asumo yo como el estar inmóvil corporalmente, pero en acción en tanto que está en actividad máxima la razón.

Espero que puedas seguir ayudándome en este tema y puedas darme más luces.

Hasta pronto,

Carolina
Tema: Aritóteles, Metafísica I, 1-2.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Carta, Andrés Atehortúa


Sabiduría en la oscuridad

Hoy es otro día. Lo sé porque siento la tibieza del sol reposando en mis mejillas, eso para mí se ha convertido en certeza, como también lo es el saber que mi ventana apunta a oriente porque me enseñaron que al amanecer el sol aparece por ese punto cardinal. Esa es otra certeza. De hecho mi día comienza con tres certezas. La última es saber que amaneció porque escucho el sonido de la alarma de mi pequeño reloj. Pero más allá de esas tres certezas con las que arranca un nuevo día para mi existencia, un deseo por conocer aún me queda pendiente y creo que nunca lo podré satisfacer. ¿Cómo será aquel rayo de sol que todos los días siento en mi rostro? Y ¿cómo se verá aquel sol saliendo por el oriente detrás de los cerros que dicen están a lo lejos frente a mi ventana?

Es triste tener que vivir queriendo algo que no puede ser correspondido, sobre todo si a tu alrededor escuchas sobre muchas cosas que no basta con entenderlas sino que hay que sentirlas. Y aunque la vida se puede hacer llevadera con algunas limitaciones, y el hábito y la experiencia te garantizan los caminos más seguros para ir y regresar, a veces pareciera que no basta con memorizar los accidentes que tus pasos indican del terreno y sus aromas, queda faltando algo más para poder decir que comprendes aquello que llaman mundo. Así se piense que parte de lo que él es vive en la penumbra, esas sombras han sido tan solo obstáculos temporales para la historia de las personas. Son barreras que el tiempo en alianza con la razón, se han ido derrumbando. Sin embargo, para algunos esa oscuridad es permanente y, como es mi caso, la inmensidad y lejanía llena de lo que llaman color presente en el mundo se convierte en una omniabarcante oscuridad por donde mis ojos busquen.

Una vez escuché decir que tres cuartas partes de la vida están soportadas en la vista, es una cifra exagerada, pues en mi caso toda mi vida he estado sin ella y aun así me considero vivo. Siento y aprendo, todo en favor de conservarme. De hecho escucho mejor que muchos y casi todos los días lo confirmo. Recuerdo una ocasión en la cual mis hermanos y sus amigos discutían sobre una pieza musical. En ella, había una larga obertura de un instrumento de viento y uno de ellos, que es músico, dijo:

— A que no adivinan que instrumento es ese que está sonando. Si alguno me responde le doy un premio.

Uno de ellos respondió:

— Es un clarinete. Dijo el primero.

— No, eso es un fagot. Respondió otro con más energía

Finalmente yo, que había escuchado anteriormente ese instrumento, recordé su timbre y pude identificarlo.

— Es un oboe, dije.

Me gané diez mil pesos y gané un reconocimiento en el grupo por tener “buen oído”. No obstante, yo sabía que no era un solamente gracias a un oído agudo, que en efecto tengo, sino que logré memorizar el característico sonido melancólico e introspectivo del oboe y pude empatarlo con el nuevo sonido que escuché. Es decir, parte de ese dinero ganado se lo debo a mi memoria.

Además, puede pensarse en el imperio de lo visual para constituir afirmaciones respecto a un conocimiento acertado del mundo y su realidad. Pero mi realidad sonora, táctil, olfativa y gustativa ¿no lo es también? Voy caminando a esperar el bus y nuevas certezas me acompañan: sé que a una cuadra del paradero, en un lavadero de carros, vive una perra que ya está viejita, la he escuchado ladrar ya con un tono grave y velocidad pausada. Del mismo modo, sé que su pelo es tupido, crespo y algo áspero porque la he acariciado cuando viene a pedirme parte del pan que cargo en la maleta para las onces. Inclusive muchos temen acercársele o pasar cerca de ella porque dicen que su apariencia es intimidante ¡Vaya error! Su “realidad” y su “conocimiento” los engañan, pues en efecto ven formas, lindos colores ¡todo el mundo en su plenitud dimensional! del mismo modo se refieren con propiedad a la belleza del cielo, de un rostro o de un cuerpo. Naturalmente no puedo compartir esa emoción que los invade cuando se refieren a esas bellezas. Pero entiendo la asociación que ellos hacen de belleza con emociones agradables y placer de ver por ver, sin ningún otro interés. Sin embargo, esa primacía me recuerda la historia de un hombre llamado Narciso, que olvidó su cuerpo y el mundo por estar contemplando aquel reflejo suyo en el agua, vio una belleza, la suya, dejando atrás otras verdades que podían contener otras bellezas. Por supuesto entiendo lo que es suspenderse y dejar que exteriormente el tiempo avance. Cuando la satisfacción llega, la unidad germina y todo se hace eterno. Lo he vivido cuando algunas melodías me hacen renacer cargado de nuevas esperanzas frente a la vida.

Sin embargo, me cuesta aceptar que una buena vida sea producto de la adecuación entre lo que se ve del mundo, y se conoce gracias a ello, con lo que vemos de nosotros mismos, más que todo cuando se piensa que lo ideal de conocer tiene un correlato en una mejor manera de vivir. Aunque he de ser sincero, y decir que genera una exigua ansiedad e ilusión pensar en tener algo de lo cual se dice que “es indispensable para el conocimiento y la vida”. Tampoco es una ilusión que avance más allá del instante mismo en el que aparece y muere joven, fracasando en su intento por movilizarme hacia su materialización. En esa dirección un aliciente emerge y me digo: ¿para qué ilusionarse con algo que no tiene espacio para su realización, y si no tiene espacio para su realización para qué ilusionarse? Es difícil responder afirmativamente a esa negación de la ilusión no correspondida, ante todo cuando se piensa que una vida sin ilusión ¿cómo puede aspirar a cobrar sentido? Entonces, sentado, sintiendo el movimiento del bus, me doy cuenta de la relevancia que cobra para muchos la vista en favor de constituir experiencias y conocimiento aplicables a la vida, e ilusionado con ser un ejemplo de otra forma de conocimiento convertido en una manera de vida, me doy cuenta que mi experiencia de un mundo no visible se ha convertido en un arte, en una técnica con la cual he aprendido a vivir, expresando en ese día a día otro lado de lo que es la sabiduría práctica, oculto como la otra cara de la luna, pero presente y es el lado de la sabiduría en la oscuridad.

Tema: Aristóteles, Metafísica, I, 1-2.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Carta Ingrid Bohorquez

Para la mujer que más amo.

Querida madre, hace tiempo al igual que los hombres que iniciaron a filosofar como menciona Aristóteles en el capítulo dos del libro I de la Metafísica fui movida por la admiración (θαυμάζειν) hacia una ciencia que no es productiva. Esta admiración me permitió reconocer mi ignorancia (ἄγνοια) y huir hacia un saber en vista del conocimiento y no por alguna utilidad. Así que este reconocimiento del no saber es una posibilidad de saber más adelante, de llegar a saber. Si bien la ignorancia me atemoriza porque al parecer no tiene salida, esa sin salida misma me lleva a buscar ese saber, me lleva a saber. Pero este saber al que me dirijo, que busco no nace de la acumulación de muchos recuerdos, no es un saber de experiencias (ἐμπειρία). Tampoco el saber al que me dirijo es un arte; pues el arte se detiene en un saber hacer, que tiene como propósito satisfacer las necesidades humanas de la mejor manera. Aunque el arte (τὲχνε), es una saber que versa sobre lo universal y que comprende todos los casos de la misma índole y es más ciencia que la experiencia, no es el saber que busco. Y el arte es más ciencia que la experiencia, porque, por un lado, aquel no se detiene en consideraciones individuales, es decir, el arte de curar no se detiene en buscar una cura para un individuo sino para un grupo de individuos con la misma enfermedad. Y, por otro lado, es más ciencia porque, el arte conoce el porqué y la causa. A saber, el arte es un conocimiento universal de causas y principios a diferencia de la experiencia que es un saber individual que sabe el qué, pero no el porqué.

Si bien el arte es un conocimiento universal por causas y principios, el saber que busco es más (μãλλον) universal (καθόλου), porque siempre está dirigido a lo que es, es decir, este saber no es variable como sucede con el arte. Y es más universal, porque no tiene finalidad práctica alguna; porque lo posee la divinidad y versa sobre algo divino; porque es el saber más alejado de los sentidos; porque no se subordina a otro saber, es la única ciencia libre. Y no solo es libre en relación con otros saberes sino también es libre en relación al hombre, pues como menciona Aristóteles la sabiduría no es una posesión humana. En esto también consiste su libertad. Así la sabiduría versa en opinión de todos, sobre las primeras causas y los primeros principios. Retomando Aristóteles esta sabiduría sería lo que él denomina filosofía primera, pues se encarga de los primeros principios y primeras causas. 
Querida madre, así que al igual que para los hombres anteriores mi búsqueda de la filosofía se regocija en un desinterés, en la inutilidad del saber, pues la admiración por ella es por un simple deseo del saber. Pues apoyo la sentencia aristotélica: “Todos los hombres desean por naturaleza saber”, y este deseo no se apoya en una utilidad, sino en una condición de ocio que no debe ser entendida como el tiempo libre de descanso y de diversión sino como el tiempo para dedicarse a sí mismo, dedicarse al pensar. 

Madre amada hasta aquí va mi disertación sobre la filosofía y espero hayas entendido la razón de mi elección, la cual no tiene que ver con la utilidad, sino con un deseo por el saber, por el razonar, por el conocimiento. Ojalá esta carta te sirva también ti para que te dejes admirar por aquello que deseas. 
Atentamente, alguien que te ama.

Ingrid Tatiana Bohórquez Ortega

Tema: Met. I, 1-2
Aristóteles. (1998). Metafísica. (V. García Yebra, Trans.). Madrid: Gredos.

Carta Miguel Ángel Espitia

Bogotá D.C, 25 de agosto del 2016

Querido receptor,

Por medio de la presente le quiero comunicar lo que hago en mi diario vivir, puesto que como bien sabe me estoy formando como profesional y mi talismán son los libros. Me tropecé con una obra titulada la Metafísica cuyo autor vivió hace más de 2000 años, su nombre es Aristóteles y es considerado uno de los más importantes filósofos griegos. Cuando leí el primer libro, él empieza diciendo que “Todos los hombres desean por naturaleza saber”. Cuando uno se encuentra con este tipo de afirmaciones es común preguntarse ¿qué debemos entender por ello? Lo primero que pensé fue ¿qué entiende Aristóteles por naturaleza? La respuesta para esta pregunta puede llegar a significar un trabajo tan extenso que quizás no me alcance la vida. Pero para no irme por las ramas me centraré en el concepto que guía el libro: la Metafísica que cotidianamente es entendida como algo más allá de la física.

Como la metafísica es algo más allá de la física, uno deduce que tiene que ser algo con características diferentes, por ejemplo, las cosas físicas tienen materia, por lo tanto, lo metafísico no tendría materia, pero sí esencia. Así mismo, es una búsqueda de lo fundamental, en palabras con glamour filosófico, la metafísica estudia el “ser en cuanto ser”. Se dice comúnmente que ontológica y epistemológicamente la esencia es anterior a la existencia, es decir, hay algo a lo cual se llama esencia, puesto que esta identifica el qué es de un objeto particular antes de su existencia. Pero la idea anterior es controvertible desde mi punto de vista, puesto que uno deduce la esencia de algo, si y solo sí, (lo pongo en bicondicional) ya ha tenido contacto con la existencia. Pienso que no se puede tener acceso indirecto o directo a priori (antes de la experiencia) a la esencia de una cosa sino se ha tenido una experiencia con el objeto mismo. En cualquier caso, querido receptor es una idea que tendré que seguir desarrollando, puesto que tal dualidad esencia/existencia puede ser, desde mi punto de vista, diluida.

Gracias por atender a mi carta y espero poder seguirte contando como sigue mi proceso de formación. 

Cuídate.

Un tal Ángel Espitia.

Tema: Aristóteles, Metafísica, I, 1-3.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Carta, Bayron Giral


Un día cualquiera.

Estimada Sofía,

El deseo de conocimiento que caracteriza a los hombres ha causado en mí un gran asombro hacia el cosmos, que me lleva a hacer todo tipo de preguntas en busca de su comprensión. Las he abordado desde muchos puntos de vista, en relación con los saberes de los hombres. He partido de las sensaciones que me proporcionan los sentidos, en seguida, por medio de la experiencia, he aprendido a asociar lo que encuentro semejante, después, gracias a la razón, he respondido los porqués por medio de la ciencia, conociendo los primeros principios y causas.
Así pues, llevo mucho tiempo acercándome a ti, Sofía. En tu búsqueda, he tenido que pasar por diversos caminos. Desde un principio, tuve que reconocer mi ignorancia; luego, me encontré con la dificultad de pasar a través de lo oculto para develarlo y, finalmente, conocer la verdad para llegar a la sabiduría.
No obstante, no me arrepiento del tiempo dedicado en tu recorrido, de hecho, podría seguir dedicándome a comprender lo más difícil del cosmos, ¿hacia dónde se dirige?, ¿cuáles son las causas que lo preceden?, ¿qué hace que lo que haya en él sea lo que es? Pues el deseo de conocimiento que tengo solo se llena buscándote por ti misma, sin pretender alguna utilidad, ya que eres la ciencia más cercana a lo divino. Es que solo tú eres digna de ser buscada por los sabios, pues contigo se puede llegar a comprender la universalidad de lo que es, riges a todas las ciencias, eres libre y el saber supremo sobre todas las cosas.

Atentamente,

Un hombre dedicado a tu búsqueda.

Tema: Aristóteles, Metafísica I, 1-3.

sábado, 28 de mayo de 2016

Reflexión, Sebastián Bermúdez

A propósito del taller Uso de la imagen para la enseñanza de la filosofía por la profesora Diana Paredes


El taller inició con la exposición de la relación entre filosofía e imágenes, relación que puede ser explotada en función de la enseñanza de conceptos filosóficos. Esto a raíz de que la imagen puede ser leída e interpretada, adquiriendo así un carácter textual. En efecto, resulta posible la enseñanza de contenidos filosóficos por medio de la pintura o el cine.

La interpretación de las imágenes parte de tres corrientes que son: en primer lugar, el psicoanálisis, a partir del estudio del inconsciente; en segundo lugar, la semiótica, la cual, a su vez, está dividida en dos sub corrientes que corresponden, por un lado, al estructuralismo, donde se analizan factores que van desde el color hasta el plano, su composición y los puntos que no están enfocados y, por otro lado, al post-estructuralismo, donde la imagen es caracterizada como polisémica e infinita en sus significados; en tercer y último lugar, la historia del arte, donde se analizan factores históricos, sociales y culturales de donde se produjeron las imágenes.

Para llevar a cabo dicha propuesta se propone una guía metodológica de la cual, en el taller, se explicaron tres puntos[1], a saber: el análisis preiconográfico, donde se describen los elementos que hay en la imagen tales como color, tamaño, distribución espacial, fuera de foco, escenario, personajes, gestos, movimientos, etc.; el análisis iconográfico, donde se pretende dar un nombre a la imagen en contraste con el nombre que originalmente tiene —si es que tiene alguno—; y, finalmente, el análisis iconológico, donde se define si la imagen tiende a ser apologética o crítica, los elementos que yuxtapone la imagen, la población a la cual está dirigida, los estereotipos que presenta y la caracterización cronológica que tiene un objeto que está presente en ella.

Ahora bien, luego de la exposición siguió la parte práctica del taller, la cual consistió en el desarrollo de los tres puntos anteriormente mencionados a partir de un texto seleccionado por la profesora Paredes. Para ello cada estudiante seleccionó un concepto desarrollado en dicho texto. Por cuestiones de tiempo se acordó un único concepto para así poder desarrollar la guía colectivamente. Para esos efectos se tomó el concepto de tiempo y se procedió con la guía. Se seleccionó la pintura La persistencia de la memoria de Salvador Dali y se siguió la guía descrita anteriormente.

Dicho taller fue, al menos para mí, de gran importancia puesto que el uso de la imagen está dentro del campo de la enseñanza de la filosofía por medio del cine, tema que elegí para mi trabajo final. Con este taller se me da la posibilidad de ampliar los horizontes de mi investigación para así poder desarrollar un mejor trabajo final. Espero poder contar, a lo largo del semestre, con más talleres que tengan una temática similar a éste.

Finalmente, es necesario afirmar que este ejercicio resulta muy interesante en la medida en que permite que aquel que desarrolla la guía plantee las diversas interpretaciones de la imagen, lo cual, además de afianzar unos contenidos, permite el desarrollo de ciertas habilidades, como lo son, al menos, las de interpretar, argumentar, entre otras. En suma, resulta ser un ejercicio muy completo en lo que corresponde a una didáctica para la enseñanza de la filosofía.





[1] La guía original tiene cinco puntos, cosa que puede observarse en el documento entregado durante el taller por la profesora Diana Paredes.

sábado, 14 de mayo de 2016

Reflexión, Ana Ruth Ramírez


A propósito del taller de Consulta Filosófica realizado por Teresa Gaztelu el 20 y 21 de agosto de 2015.

En este taller, con la profesora Teresa Gaztelu, se llevó a la práctica lo expuesto por ella sobre praxis filosófica. La profesora Teresa tal como lo había explicado antes, realizó un diálogo con una de las asistentes, diálogo donde se reflexionó sobre el pensamiento y vida de la interlocutora, por su puesto, tomando como base el estilo socrático (elénctica y mayéutica).

Durante el ejercicio, los espectadores no solo analizamos cada pregunta y cada respuesta, sino también la manera como se hacían las preguntas y la forma como eran respondidas, incluso la gesticulación del rostro y del cuerpo, el tono de la voz, etc. La idea era prestar atención a todo lo que estuviese ocurriendo en este segmento de espacio y de tiempo. Al comienzo lo relacioné con una consulta al psicólogo, pero luego comencé a encontrar el sinnúmero de diferencias entre la consulta filosófica y la terapia psicológica, en especial la manera como, muy socráticamente, la profesora Gaztelu intentaba que su participante sacara de sí misma, de su propia vida, lo que ella quería saber. Poco a poco, ella iba comprendiendo que sí sabía lo que quería y lo que debía hacer, solo que no había tenido, tal vez, las preguntas correctas que debía hacerse y responderse honestamente, para ello estaba allí la profesora Teresa. No se trataba de una terapia guiada, con la lista de preguntas por hacer, era algo fluido que se iba desarrollando poco a poco durante la consulta. Me encantó la manera como se apeló a la razón todo el tiempo, es como si se le dijera a la interlocutora “tú puedes pensar, hazlo ahora y actúa”.

Fue inevitable para mí recordar que desde que era una niña jamás confié en los psicólogos. Nunca me gustó que me dijeran lo que debía hacer con mi vida, algo que para mi familia era terrible. Jamás sentí que tuviera algún problema, solo, y ahora lo comprendo, no tenía las preguntas precisas que realmente necesitaba hacerme. Me habría gustado ser la participante esa mañana, pero me dio temor, creo que a todos los asistentes nos sucedió lo mismo, sobre todo por los espectadores. A medida que avanzaba el ejercicio ya no me iba viendo como una consultada sino como la persona que hace la consulta. Me sentí motivada y pude encontrar una manera más de hacer filosofía, de llevarla fuera del aula, de los libros, de los seminarios, una manera de hacerla práctica, de hacerla experiencia de vida, de demostrar que sí es necesaria y relevante para la vida.

No es que no considere las emociones y sentimientos del ser humano a la hora de la acción, pero creo que todo ello, si no va guiado por el acto de la razón, siempre nos va a hacer regresar a las mismas preguntas: qué hicimos mal, qué no hicimos o qué nos faltó hacer. Vengo de una familia religiosa, y gracias a ello tuve la experiencia de ver y de vivir una vida donde te conducen todo el tiempo: no puedes hacer esto, no puedes hacer aquello, no te atrevas a pensar por ti mismo, solo debes obedecer y si te sientes frustrado, solo resígnate y reza. Creo que la espiritualidad es muy importante, pero aquella se fortalece en la medida en que me hago responsable de mis pensamientos y actos, algo que se verá también reflejado en mi manera de ver el mundo y mi trato con los demás.

De acuerdo a mi experiencia de vida, pude observar que la consulta filosófica, tanto individual como grupal, en un lugar cerrado o abierto, pero con todas las condiciones para evitar distracciones, es una actividad muy necesaria en nuestra sociedad actual, pues no necesitamos que nos digan qué hacer, es más, muy dentro de nosotros somos rebeldes en un principio a este tipo de cosas, solo que con las experiencias duras de la vida y con ciertos hábitos nos acostumbramos hasta tal punto de creer que es lo mejor que podemos hacer. En nuestra sociedad se han venido desarrollando una serie de costumbres que nos dicen todo lo que debemos hacer, esto me recordó mucho a Foucault, la televisión, la religión, la política, incluso la misma escuela, eje de la formación de toda persona. Todo esto conlleva a que las personas se hagan dóciles, juiciosas y que hagan caso para que todo marche bien. Si te sientes fracasado visita al psicólogo o ve a la iglesia, llora todo lo que puedas y sigue viviendo igual, solo que ahora más resignado y paciente.

Creo que la consulta filosófica, implementada no solo en la academia sino en cualquier institución, sería algo como un acto de revolución, porque cuando comenzamos a pensar por nosotros mismos, y más aún cuando llevamos a la práctica dichos pensamientos, todo comienza a cambiar, la vida cambia y a nivel general la sociedad cambia. Habría una transformación positiva, y aquello que en un inicio parecía una propuesta ingenua e inocente, viene a convertirse en algo verdaderamente serio y relevante para bien de todos los individuos, contemplaríamos su verdadera importancia. A la hora de hacer personas responsables y maduras el papel de la consulta filosófica añadirá un gran valor.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Reflexión, Sebastián Gil

A propósito del taller de Consulta Filosófica realizado por Teresa Gaztelu el 20 y 21 de agosto de 2015.

Desde que era pequeño siempre vi a Sócrates como una especie de superhéroe, mi tía solía sentarse y relatarme las hazañas de este hombre. Mi imaginación muchas veces se dirigió hacia ese pequeño anciano andando por las calles de Atenas intentando hacer la vida de todos mejor. Ahora, sentado en la sala donde se realizará el taller, me pregunto: ¿cómo puede ese hombre influir en algo como la consulta filosófica? La respuesta llega más temprano que tarde: la mayéutica, la práctica del diálogo y la interpelación constante.

La conferencista empieza aclarando algunos puntos importantes de cómo se debe abordar la consulta. Se debe indagar en las creencias del consultante y enfrentar los argumentos que hay al respecto con algún tema moral. Siempre se debe preguntar por opiniones, ya que se busca la verdad como coherencia interna, esto por la naturaleza aporética del método socrático. En resumen, hay que propiciar una investigación que haga un descubrimiento sobre el interlocutor. Me  gusta la premisa de esta praxis filosófica, volver a la filosofía de aquel héroe de mi infancia, volver al filosofar de verdad…

Durante el taller me surge una pregunta: ¿es la consulta filosófica acerca de la identidad? Así parece al menos, aunque también da la impresión de que es sobre transformación, sobre autoconciencia. Algo que sí es claro, es que se dirige a alcanzar un modo de vida nuevo, uno mejor.
El ejercicio que se propone como meta del taller es una auto-consulta, donde uno debe ser sujeto de análisis y el analista. Debo aceptar que me asusta un poco, siempre he pensado que me conozco bien, pero por eso mismo sé que hay puertas que no debo abrir.

Otra pregunta me surge es ¿cómo  puedo integrar esto con mi futura labor de docente? ¿se puede hacer con un grupo lo que se hace con una sola persona? Al parecer, es muy difícil sin perder profundidad. Además insertar los contenidos teóricos necesarios; o mejor dicho, requerido por las instituciones educativas es todo un reto. Otro problema es la ambientación, me imagino que una consulta con un filósofo debe ser como con un psicólogo, al menos en cuestión de ambiente. Se necesita un ambiente tranquilo y en un colegio, o peor aún en un salón de clases, es una labor casi imposible.

Empieza el primer ejercicio, que es más un ejemplo, el conejillo de indias es la profesora Diana Acevedo. Se explica que debe haber un análisis de las palabras usadas en las respuestas tanto como en las respuestas mismas. Es algo atemorizante, se ve atemorizante. En un principio no veo la diferencia a cualquiera de las consultas que tengo con mi psicólogo, aunque algo que es claro es que el tipo de preguntas que se hace está dentro de un espectro más amplio.

Creo que mis temores frente a la consulta se hacen realidad. Es necesario centrarse mucho en uno mismo, por experiencia sé que en una consulta psicológica uno puede evadir la cosa olímpicamente pero aquí por el tipo de preguntas que se hacen la única opción es ser honesto y autoconsciente. Eso muchas veces puede ser chocante y me doy cuenta que este tipo de terapia, aunque es llevada casi que cariñosamente por parte de la conferencista, es extremadamente fuerte, absorbente aprehensiva . La profesora misma se ve incómoda, uno se da cuenta pronto que la consulta filosófica somete al consultante a un nivel de introspección y carga emocional sorprendentes.

Cuando termina el ejemplo, la palabra que usa la profesora para describir la experiencia nos deja a todos muy claro lo que se siente: iluminador, esa es la palabra usada, revela que encontró ciertas puertas en su conciencia y las encontró cerradas. Me doy cuenta que esto es diferente al psicoanálisis también por la carga intelectual a la que se somete el paciente, hay una presión por la coherencia y la argumentación. Uno nunca se imagina ese sentimiento cuando lee un diálogo socrático, pero al ver este ejercicio de cerca se hace patente el esfuerzo intelectual que se tiene que hacer para mantener esta clase de conversación. La profesora corrobora mis pensamientos, ella le da un peso muy grande a que dentro de la consulta hay que sopesar el sentido de las palabras que se usan.

Una cosa que también me pareció interesante es el tema de cómo una pregunta filosófica lo lleva a uno a la introspección personal, generalmente pensamos nuestra vida académica alejada de nuestra cotidianidad, pero en un tipo de ejercicio como este se hace notar que no es así. En la consulta se debe estar dispuesto a no tener razón. La meta más que descubrir o hacer saber es pensar.
Al día siguiente, el primer ejercicio fue un fracaso, un grupo analizando a una sola persona resulto decepcionante, terminamos dándonos a nuestras mañas de filósofos de intentar aclarar un concepto hasta la saciedad.

El segundo ejercicio fue más productivo, al menos en el grupo en el que yo estaba, analizando a Michel nos dimos cuenta de que tiene una relación amor-odio con la música; conmigo no pudieron, yo iba bastante prevenido. Con Brandon fue el ejercicio más parecido a lo que habíamos visto que era una consulta, llegamos a una profunda verdad que tenía guardada: El miedo a la presión y la decepción.

Más tarde, esa noche mi hermana me consultó acerca de un lio de sabanas que tiene, recordé que la conferencista nos había dicho que una consulta podría empezar hasta con la pregunta más banal. Así que sin que mi hermana lo supiera procedí a hacerle una consulta, ella constantemente me decía que si me había consultado era por respuestas y no por más preguntas, pero yo seguí en mi labor socrática hasta que después de unas dos horas de dialogar, ella llego a una conclusión dándose cuenta de qué es lo que de verdad siente. Yo estaba sorprendido, en un día hice que dos personas abrieran puertas en su conciencia y me di cuenta que es un camino que me gusta, que en el fondo siempre he estado tratando de seguirlo, la filosofía para la vida buena, el filósofo al servicio de la sociedad siempre me ha gustado por eso estoy en una licenciatura.

Recordé una pregunta que tuve antes de entrar a la conferencia sobre el tema de la consulta ¿cómo puede la filosofía cambiar la vida de alguien? Esta pregunta surgió, creo yo, de la decepción que tengo frente a la filosofía especulativa, pero entonces caí en cuenta de algo sobre Sócrates y lo pensé a través de uno de los diálogos de una película “Se nos pide recordar las ideas y no los hombres, porque un hombre puede fallar, puede ser detenido, ejecutado y olvidado pero cuatrocientos años más tarde su idea puede cambiar al mundo”[1]

Solo me deja un pensamiento el introducirme en un primer nivel a la praxis filosófica ¿es acaso esto lo que necesita el mundo? En esta sociedad que cada vez es más vacua ¿lo que necesitamos otra vez es un tábano o varios, que aguijoneen constantemente a la sociedad?